A los jóvenes

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Celedonio Jiménez

Una vez se produjo la caída de la dictadura trujillista, los jóvenes jugaron un papel activo y sobresaliente en la lucha contra los remanentes de la dictadura, visto el escaso desarrollo y organización de las clases trabajadoras, particularmente de la clase obrera y el campesinado.

Puede decirse que los jóvenes y los estudiantes libraron entonces luchas estelares contra el gobierno de Joaquín Balaguer, que sucedió a la tiranía de Trujillo, el Consejo de Estado, el Triunvirato, al igual que durante la Guerra de Abril y la posguerra.

Diversas estructuras organizativas fueron constituidas durante el periodo señalado para viabilizar la lucha política y reivindicativa de los jóvenes.

Entre estas se puede mencionar los grupos estudiantiles, los culturales, clubes barriales, culturales y deportivos, asociaciones universitarias provinciales, organizaciones barriales, etc.

Desde entonces la causa juvenil, popular y democrática ha contado con una amplia e indefinida cantidad de militantes y jóvenes mártires que se entregaron a la misma.

Pero al dinamismo y las energías juveniles también se les han opuesto valladares a los fines de lograr su neutralización.

Entre esos valladares podemos citar la penetración e incidencia de las drogas, que muchos establecen encontró punto de inicio en la segunda intervención militar norteamericana a la República Dominicana, en abril de 1965; también se puede señalar la gran apertura a la emigración incentivada a partir de la posguerra de abril de 1965 y que ha hecho que en la actualidad halla dominicanos prácticamente en todas partes del mundo.

El sociólogo Carlos Dore ha hablado del “transnacionalismo” del dominicano, refiriéndose a la conducta de este de salir del país y diseminarse por variadas naciones del mundo.

La emigración, que ha supuesto la salida del país de una inmensa cantidad de jóvenes dominicanos de ambos sexos, constituye uno de los fenómenos más sobresalientes de nuestra contemporaneidad, y una expresión de la incapacidad de la economía local para asegurar una vida digna a gran parte de la población nacional.

Otro obstáculo importante que ha orientado mal el comportamientos de jóvenes dominicanos ha sido el mal ejemplo ético y moral, que desde instancias de poder y autoridad se les ha dado, induciendo a una porción de nuestra juventud a caminos incorrectos y deleznables.

Frente a las situaciones antes descritas, llamamos a nuestros jóvenes a estudiar y a luchar. A estudiar para formarse intelectual, profesional, científica y técnicamente, con vista a transformar positivamente la realidad, y a luchar por una sociedad justa, más humana, que ofrezca igualdad de oportunidades para todos y todas.

A luchar por una sociedad en que lo que obtengamos y lo que seamos no sea el producto de las “relaciones”, del estatus social, del soborno o del tráfico de influencia, sino el resultado de los méritos y de los esfuerzos propios.

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