A ellos también gracias

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Se acerca un final de año y consigo el dejo de nostalgia que arropa la época. Es una rara mezcla de recuerdos de quienes ya no están, y la esperanza para los que aún estamos, convencidos de que, por más sombrío que luzca el futuro, lo afrontaremos con coraje y decisión.

Propicia es pues la época para crear la atmósfera en que podamos compartir con los seres queridos; no la familia en sentido estricto, sino también todos aquellos que moldean nuestro proceder en la vida.

Para estos fines hago una pequeña lista encabezada con la palabra Gracias:

A mi Dios, por permitirme seguir respirando.

A la Virgen María, que siempre protege mi familia.

A mi esposa, a quien las palabras no pueden describir.

A mis hijos, que son mi mayor empresa.

A mis padres, por ser seres colmados de virtudes y pocos defectos.

A mis hermanas, por ser diferentes en su proceder pero idénticas en buen corazón.

A mis tíos, que más de una vez me tuvieron a su cargo y aún ahora a los 43 años insisten en llamarme “Chulingo” .

A mis amigos de la Esperilla, con quienes di mis primeros pasos, “emburujándonos” y aprendiendo como se “tiguereaba”.

A los amigos que, con el paso del tiempo, fueron apareciendo y curiosamente, ya se confunden con la familia.

A los compañeros de curso en el colegio, porque no importa lo que pase, ésos son tus amigos.

A los compañeros de la universidad, con quienes aprendí el concepto de trabajo en equipo, solidaridad y apoyo mutuo.

A los que trabajan a tu lado todo el día, ¡cuánto te enseñan sobre la

naturaleza del ser humano!

A esa rara especie llamada redes sociales, donde hay de todo y como diría Hipólito Mejía “para todos”: abrazo a los amigos de Facebook y una bulla para los tuiteros.

A Shakira, que con un meneo de cola desaparece un quintal de preocupaciones (ojo, así se llama mi mascota; no sean mal pensados).

Pero sobre todo, gracias a los que me han enseñado a tender la mano, a demostrar que el amor al prójimo no se proclama sino que se ejerce con los hechos. Me adoctrinaron en el cultivo de la satisfacción interior.

Por último, a los malagradecidos. Ellos recuerdan lo importante de no caminar los senderos de la ingratitud.

A ellos también gracias.

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El Día

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