A Dios rogando y mentiras hablando
A menos de 20 horas de que la primera dama, Margarita Cedeño; el Procurador, la ministra de la Mujer, el jefe de la Policía y otros funcionarios encabezaran una marcha multitudinaria a favor de la NO violencia contra la mujer, un contingente policial impidió a un grupo de mujeres llegar hasta el Palacio Nacional donde se proponía reclamar al Ejecutivo que el país fuera declarado en estado de emergencia por la violencia de género.
No se había secado la tinta en el papel donde el jefe policial exhortaba a los hombres, y en especial a sus agentes, a reflexionar sobre el maltrato hacia las mujeres, hechas para amarlas y no para maltratarlas, cuando la misma jefatura ordenaba a un contingente detener a toda costa el paso de las manifestantes, que de manera pacífica, pretendían llegar hasta el frente del Palacio.
Las peligrosas mujeres iban armadas de ideas, lanzando consignas letales y con pancartas subversivas. Y eso aterra al poder.
Pero gracias a Dios, allí estaban nuestros gloriosos agentes, fieles defensores de la democracia y el orden constitucional, para frustrar semejante afrenta.
Finalmente, vino la orden desde el Palacio y se permitió que una reducida comisión entregara el manifiesto con sus reclamos a la viceministra de la Presidencia, Sandra Severino, quien prometió hacerlo llegar al presidente de la República.
Las manifestantes -con sobrada razón- rechazaron la actitud represiva de la Policía, precisamente el Día de la NO Violencia contra la Mujer, algo que no esperaban tras haber escuchado los hermosos discursos pronunciados la víspera por los funcionarios del gobierno.
Pero no hay que olvidar que esos agentes no actuaban por su propia iniciativa: cumplían órdenes superiores. Y entre esos superiores estaban los mismos que el día anterior hablaron maravillas en defensa de las mujeres.
Eso es estar como dice el refrán: a Dios rogando y con el mazo dando.
.Imbéciles son quienes creen en este tipo de gente.