La tragedia de Distrito 13: Treinta años al borde del abismo

  • Poder político, desplazamiento y el declive de la comunidad dominicana

Luis Tejada-COLUMNISTA
Luis Tejada

El debate sobre el Distrito Congresional 13 ha sido desviado hacia narrativas que poco tienen que ver con la realidad material que viven sus residentes. En esta contienda, sectores temerosos del desplazamiento han intentado manipular al votante dominicano con distracciones identitarias que no resuelven los problemas estructurales de la ciudad y del distrito 13. Nueva York es un estado profundamente diverso, donde múltiples comunidades enfrentan las mismas dificultades: carencia de vivienda asequible, desempleo persistente, abusos de caseros, precios inalcanzables, falta de oportunidades para jóvenes, escuelas sin recursos, inseguridad y negocios al borde del cierre.

El Distrito 13 se encuentra entre los más pobres de la ciudad, con algunos de los ingresos familiares más bajos, especialmente entre la población dominicana. Estudios recientes confirman que esta zona presenta altos niveles de pobreza, carga de renta y desplazamiento residencial (NYC Department of City Planning, 2023; UJA-Federation, 2021). Resulta legítimo cuestionar por qué, después de treinta años de representación política dominicana en cargos electivos, no se ha producido un salto cualitativo en la calidad de vida de sus residentes. Por el contrario, el desplazamiento y la gentrificación se han intensificado, erosionando los espacios culturales, debilitando la cohesión comunitaria y fragmentando la identidad colectiva, tal como advierte Zukin (2010) en su análisis sobre la transformación urbana en Nueva York.

En este contexto, acusaciones como que la candidata Darializa Ávila Chevalier es “prohaitiana” o que ha apoyado la “unificación de la isla” reproducen tácticas de miedo que históricamente se han usado para dividir a comunidades inmigrantes. Además, estas acusaciones no distan de posiciones que el propio congresista Adriano Espaillat ha expresado en distintos momentos sobre temas binacionales. En cualquier caso, estas discusiones no resuelven el deterioro del distrito ni atienden las urgencias reales de sus residentes.

El Distrito 13 no nació del clientelismo ni de la inercia política. Fue construido a fuerza de organización comunitaria. Las coaliciones formadas en los años 80 y 90 lograron conquistas concretas: escuelas nuevas, reformas en precintos policiales marcados por corrupción, servicios de interpretación en hospitales para pacientes que no hablan inglés, fondos para agencias comunitarias y leyes de vivienda que fortalecieron la asequibilidad. Esas victorias fueron producto de lucha, no de favores ni iniciativa de políticos.

Sin embargo, tras tres décadas de nuestros representantes en el ejercicio político —como concejales, asambleístas, senadores y congresistas— muchas de esas conquistas se han debilitado. Hoy la comunidad vive con miedo al desalojo, acceder a una vivienda es un lujo, los pequeños negocios agonizan y la inseguridad se ha normalizado. Esta evaluación no puede ocultarse con acusaciones identitarias, ni con discursos que buscan distraer al votante. Hay responsabilidades políticas claras.

La manipulación basada en rumores o en supuestas “amenazas externas” ignora la realidad: el distrito está en crisis. Y no es la primera vez que Nueva York enfrenta un choque entre el establishment político y una ciudadanía cansada. El caso de Zohran Mamdani —electo en un distrito con una fuerte presencia judía, pese a ser un joven musulmán, inmigrante, socialista y crítico de políticas israelíes— demuestra que los votantes neoyorquinos no se dejan intimidar por campañas de miedo cuando sienten que el sistema les ha fallado. Como documentó el New York Times (2020), la victoria de este candidato en una ciudad con presencia judía significativa, mostró que amplios sectores del electorado —incluyendo organizaciones judías progresistas— priorizaron la lucha contra la crisis de vivienda y el abandono institucional por encima de campañas de miedo o acusaciones relativas a la identidad.

Este precedente revela algo fundamental: los neoyorquinos no están dispuestos a seguir el guion tradicional del establishment cuando las condiciones materiales contradicen la narrativa oficial. El Distrito 13 no es la excepción. La comunidad está cansada de discursos vacíos, de promesas recicladas y de una representación que no ha logrado frenar el retroceso social, económico y cultural del territorio.

El Distrito 13 se encuentra en un punto de inflexión histórico. Treinta años de poder político no han logrado detener el deterioro de las condiciones de vida, ni proteger a la comunidad del desplazamiento, ni preservar su identidad cultural. Las acusaciones identitarias y las campañas de miedo no pueden ocultar la realidad: el distrito 13 está al borde del colapso social y económico.

La pregunta ya no es quién acusa a quién, sino quién está dispuesto a enfrentar la crisis estructural con honestidad, valentía y responsabilidad histórica. El futuro del Distrito 13 dependerá de si su comunidad decide seguir aceptando la decadencia como destino o si exige un cambio profundo en la forma de gobernar, representar y defender sus intereses.

Sobre el autor

Luis Tejada

*El autor es profesor y activista comunitario en la ciudad de Nueva York.