Te están mirando, un relato para ellos
Una familia campesina vivía cerca de un huerto bien cuidado y con una gran variedad de frutos.
El padre acostumbraba a cruzar la cerca para robar y darle de comer a su familia; pero el que cuidaba el huerto estaba sospechando de que le estaban robando y decidió darle más vueltas para vigilar el hermoso campo o jardín; por tal razón el papá de un niño de unos 9 años decidió llevarlo para que estuviera atento por si llegaba alguien mientras él robaba en el sembradío ajeno. A pocos minutos de entrar, el hijo hace un silbido suave, se acerca y le dice con voz baja: papá, papá, te están mirando.
Entonces el padre sale apresuradamente y con las manos le hace señas mientras se acercaba, le dijo: ¿Quién me ve mi hijo?, yo no veo a nadie. El niño le señaló el cielo y le dijo: Dios siempre nos ve, Él te está mirando.
El padre se avergonzó y decidió ser un buen ejemplo para su hijo.
En este relato, los padres deben aprender que ejercen una gran influencia para sus hijos. Las cosas que usted dice y hace sus hijos creerán que eso es lo correcto y lo imitarán.
Por esta razón, a partir de este momento decídase a:
Pasar más tiempo de calidad con los hijos.
Instrúyalos en la palabra de Dios de manera personal. Ore y bendígalos.
Edúquelos para que estén satisfechos de sí mismos. Así como mostrarles y expresa les amor; sin dejar de corregirlos.
Enséñeles a tener sus amigos, a estar contentos con ellos y sientirse felices.
Juegue con ellos, interésese por sus actividades escolares y extracurriculares.
Como padre, trate de orientarlos, actúe de manera calmada y no pierda los estribos por difícil que sea la situación.
Hable y corríjalos de manera personal, no juntos; porque son individuos.
Asígneles tareas de acuerdo a su edad y págueles mesadas o semanales, para que aprendan a ganarse el dinero.
Enséñelos a ahorrar, a ofrendar para la obra del Señor y a ser buenos administradores.
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