“El buen o mal candidato a la presidencia”

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Muchos desean llegar a la presidencia de la República. Unos con buenas intenciones y otros para satisfacer y colmar el ego e instrumentalizar el gobierno al servicio de los intereses de unos pocos.

Estos últimos recurren a cuantos medios insanos sean necesarios para ocupar la llamada “silla de alfileres”, incluidos recursos de origen delictivos, para vender una imagen que contrasta con sus reales motivos.

Entre quienes tienen un designio sano es conveniente evaluar su estructura partidaria, sus concepciones filosóficas, sus ideales, sus planes, su capacidad gerencial, su experiencia, su formación, su determinación, su dedicación, su compromiso con la transparencia, el uso eficiente de los recursos, la prestación y mejoría de la calidad de los servicios públicos y el desempeño de las instituciones gubernamentales y, por lo tanto, el fomento de la confianza entre los ciudadanos y el Estado.

A las anteriores cualidades y condiciones se suman su visión de futuro, su estrategia de políticas públicas para hacer más creíble, eficaz y participativa la democracia, con el consecuente mayor poder ciudadano.

El candidato ideal es el candidato responsable, el que asuma un pacto con la descentralización, como mecanismo de consolidación y promoción democráticas, con adecuados niveles y medios de fiscalización y control de los recursos, para contribuir con la mayor eficiencia y eficacia del sector público.

El candidato malo es el que impone su visión y su fuerza política mecánicamente, el que no cree más que en la teoría y patea las normas jurídicas fundamentales o el que sólo tiene un compromiso o una visión de una cultura tradicional legalista y no conoce o le da de lado a la cultura más atenta a la satisfacción de las necesidades ciudadanas, que hace de los gobiernos más accesibles y su gestión más transparente, al tiempo de facilitar una mayor apertura al público en general.

Un presidente bueno sería, en suma, el que tenga una agenda con por lo menos los componentes de gobierno siguientes: que no sea tan costoso, de calidad, profesional, emprendedor, fomentador del uso de las tecnologías de la información, con mejora regulatoria, democrático, eficiente y eficaz, honesto y transparente y promotor y defensor de la justicia. ¿Dónde lo encontramos?

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