“El 20 de mayo muchas cosas en juego, pero el País no”

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Estamos en la era de la velocidad, llegamos a ella talvez sin saberlo, ocurren muchas cosas buenas, los cambios tan acelerados a veces nos parecen violentos. El ser humano egoísta y conservador por naturaleza se sobresalta, tiembla y hasta se acongoja frente a situaciones que no domina, realidades indetenibles por lo que busca desesperadamente refugio, quiere guarecerse bajo la certidumbre que parece huirle, la que en verdad no encuentra, porque no existe. Esa lucha lleva a la persona, varón y hembra como lo creo Dios a desarrollar su capacidad de apego a lo que cae en su dominio.

Hoy, cuando el conocimiento se ha convertido en un bien preciado, cuando la capacidad de imaginar, de pensar, de crear, pueden enriquecer a los poseedores de esa virtud, hay que reposicionar roles y valores.

El carisma, un don o aura que le confiere superioridad a alguien y que permite centralizar la atención, algo intocable, pero que se ve, aunque sea, naturalmente, nadando en el océano de lo invisible.

Todo el que habla con conocimiento de causa, con humildad y buen manejo de lo que expresa, atrae. Los hay que saben muchas cosas, que son difusores impecables de sus ideas y no convencen, porque no crean empatía emisor-receptor, talento imprescindible para ejercer el poder en la mentalidad colectiva.

Se ha hablado mucho de la irracionalidad de las masas y de su tendencia a ser manipulada por poderosos. Esto es cierto, pero no debemos ignorar el talento que hizo posible que a ese tirano del encuadramiento colectivo, esas mismas masas le dieran el barbitúrico poderoso que la envilece.

Llegado al techo, no habiendo más espacio para la fantasía sobre las ínfulas de grandeza, el liderazgo se encalla y entonces entra en una fase más agresiva; el control.

Controlar siempre será más fácil que liderar procesos, cualquier torpe con un fusil controla, por eso no se exige tanto a vigilantes de garita. Liderar amerita, formación, competencia, creatividad, honestidad y carisma. Me gustan las personas abiertas, francas, cooperadoras, capaces de orientar para asegurar el éxito ajeno. Al generoso nunca le bastará solo su abundancia. Pero “ojo pelado” estamos rodeados de ruines, envidiosos, soba levas, cierra puertas y viles personajes, en los que solo excede la miseria humana.

En este maremágnum nos desenvolvemos, instituciones y personas. ¿Quién da la campanada para el cambio? ¿Vamos a la evolución o revolución de la actitud? Podemos dedicar tiempo a la contemplación, pero, ¿Qué tal, si estando llamado a ser actores, el proceso nos liquida como espectadores? ¡Pudiendo hacer cambios se pieza nos la pasamos reparando basura!

Mi abuela acostumbrada a advertir dijo, le falta un clavo a la bisagra de la puerta, se está aflojando, le falta otro clavo… Pero nunca se reparó. ¡Se cayó la puerta carajo! Se jodió la bicicleta, se pudrió la puerta, no coge clavos hay que comprar una nueva.

Una persona puede ser sustituida por otra, una institución puede ser liquidada, pero, La República es eterna, no muere de infartos, está por encima de sus componentes individuales. Nuestros símbolos patrios representan la identidad nacional, idioma, escudo, bandera e himno único e invariable.

¿Entonces qué está en juego el 20 de mayo? Muchas cosas, pero el País no. Por el que vote la mayoría pesaran 48 meses de mandato. Este País es de todos, cada ciudadano decide, yo apuesto al voto informado. En América Latina somos plutócratas, gobierna el dinero, “democráticamente”.

Hay dos candidatos, el billete pre-seleccionó, sus posibilidades, los dos están ganados, así se crea el ambiente de que no pueden perder, buena estrategia para el pataleo. En boxeo se pierde por nocaut y por puntos. Usted no puede exigir la forma de perder, así que el que ganó, ganó. Eso es lo que queremos.

El congreso debiera votar una ley provisional, solo hasta que pasen las elecciones, que criminalice la divulgación de resultados electorales sin tener la facultad, que solo la Junta Central Electoral pueda hacerlo, ocurre en el mundo entero.

Un “foul” violento fuera del terreno saca la pelota de juego, pero no la destruye. La mayoría puede equivocarse pero nunca ha habido una mayoría estúpida.

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El Día

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