“De clientes a ciudadanos”

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Ahora que varios partidos se debaten internamente para definir sus candidatos o que, como el PRD, ya lo hicieron, cabe hacer una reflexión para, por un lado, enfrentar los discursos carentes de contenido y que sólo buscan ilusionar a quienes la mayor parte de las veces son simples clientes del supermercado electoral y, por el otro, elevar nuestro valor como sujetos.

Uno de los gravísimos problemas que impiden nuestro desarrollo institucional es que los precandidatos y candidatos utilizan a gran parte de sus seguidores como simples clientes.

El clientelismo político constituye, sin duda, un sistema de intercambio de favores, en el cual los candidatos y funcionarios políticos ordenan la concesión de prestaciones que obtienen por medio de las funciones partidarias, de su función pública o de contactos relacionados con ella, a cambio de apoyo electoral.

Ese perverso andamiaje extraoficial permite la sumatoria de poder sin límites, lo que aniquila al sujeto y con ello al ciudadano en capacidad de exigir y modular sus derechos fundamentales e incluso de cumplir con sus deberes constitucionales.

No puede haber democracia cuando el sujeto deja de ser el centro de la promoción política y de las políticas públicas, convirtiéndose en un mero instrumento o en un objeto al servicio del candidato o funcionario público.

El clientelismo trae además, como consecuencia, el que los individuos se sientan excluidos o no pertenecientes al Estado, así como problemas de pérdida o falta de adquisición del status de ciudadano, es decir, de la persona que debería tener una relación política fundamental o, lo que es lo mismo, con el orden político-jurídico en el que está inserto.

Esta falta de conexión del individuo con el Estado, que lo define como ente amorfo, sin derechos ni deberes, sin expectativas ni exigencias, tiene, entre otras causas el clientelismo, con resultados terribles para la institucionalidad democrática.

Con clientes, pero sin ciudadanos no son posibles las estrategias de inclusión, quedando abierto un solo camino: la exclusión o la condición de parias o pelagatos políticos, sociales y económicos, a quienes con un mendrugo de pan les basta.

Solo los ciudadanos tienen derechos, los demás, por ser clientes, deben favores. ¡Pasemos de ser clientes a ser ciudadanos!

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El Día

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