“Constitución y lealtad institucional”

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Como norma jurídica la Constitución es vinculante para todos los poderes públicos.

Esto quiere decir que sus disposiciones se imponen a quienes tienen el gobierno del Estado y sus actuaciones deben estar subordinadas a los mandatos y directrices constitucionales, dando lugar, en muchas ocasiones, a políticas públicas que incidan en el bienestar general.

Una nueva Constitución como la nuestra debe ser sacada de los anaqueles y llevada y practicada por los políticos, los gobernantes, los académicos, los jueces y toda la ciudadanía para hacer realizables los derechos que contiene, para limitar al poder y para tener una democracia constitucional.

Para que este Texto Magno se constituya en una profunda revolución democrática, como es la pretensión fundamental del Presidente de la República, nos hace falta una verdadera cultura constitucional.

Las prácticas diarias, sobre todo de deslealtad institucional, las formas, los modelos o los patrones, explícitos o implícitos, a través de los cuales se manifiestan quienes integran nuestras instituciones y muchos dominicanos reflejan la carencia de esas normas de comportamiento.

En 1982 la Unesco, 1982, declaró que la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones.

A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden.

Dado que hemos vivido ya con la nueva Constitución episodios lamentables de degradación y desobediencia constitucional, ha llegado la hora de que nos reencontremos individual, colectiva e institucionalmente para iniciar un proceso de culturización constitucional y, en consecuencia, democrática, de la cual estamos lejos.

Con Cruz Villalón puedo afirmar que la nuestra es una cultura sin Constitución, pero que reclama Constitución, porque reclama Derecho, en sentido objetivo, y porque reclama derechos, en sentido subjetivo, porque reclama igualdad y porque reclama libertad; en suma, una cultura de Constitución y de lealtad institucional.

Ese debe ser el reto y el compromiso de todos los que queremos una nación desarrollada.

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El Día

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