“Consenso y disenso”

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El pacto de Leonel Fernández y Miguel Vargas para destrabar el nudo que ligaba las leyes del Consejo Nacional de la Magistratura y del Tribunal Constitucional es una muestra inequívoca del poder de las minorías y la necesidad del disenso como camino necesario en democracia, para el consenso que procuran las leyes orgánicas, las que para su aprobación o modificación requieren del voto favorable de las dos terceras partes de los presentes de ambas cámaras.

Con dicho acuerdo se destaca también la necesidad de los gobernantes de ser la solución y no el problema (Friedman); personas comprometidas con el cumplimiento de la norma y de los principios democráticos; gente que, por la mesura, no permita un aumento de la locura por perseguir mayor poder y que no produzca un deterioro general en el sistema, como el que advertían las minorías congresuales y la sociedad civil, con un desplazamiento de la inteligencia a la imprudencia.

Si de algo estamos conscientes es del nivel de inteligencia del Presidente de la República, quien, al reencontrarse con ella, propicia la superación del hecho de que en general los congresistas del PLD subestimaban la magnitud y las consecuencias institucionales y democráticas del problema creado por ellos y por el propio Poder Ejecutivo. Con la actitud y demostración de Fernández se potencia, aún más, la legitimidad de la representación que ostenta, con lo que gana la democracia y el país.

Por el compromiso que ha exhibido con su prédica democrática el Presidente, no lo creía ver en el interés de imponer la libertad de las mayorías, pues no hay democracia sin restricción y que pueda pervivir sin instituciones que controlen el poder de quienes nos gobiernan, como ocurre con las leyes que, como las enunciadas, procuran dar una mayor participación de la ciudadanía a través de sus representantes y más legitimidad a las decisiones políticas y normativas.

Estaba convencido de que no se trataba de actos de locura del Congreso y del Presidente, como hija de ebriedad y de la ignorancia o de narcisismo, adulación, pereza, placer, irreflexión, intemperancia y sueño profundo (Rotterdam), sino un estado momentáneo de olvido de la inteligencia, que ha sido superado con liderazgo y grandeza de espíritu democrático.

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El Día

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