Santo Domingo.-Ser un viejo enfermo y vivir en una familia indigente en la República Dominicana es el camino más expedito para llegar a la muerte o vivir deseando que ésta llegue para al fin descansar de tantas penurias.
La vejez es signo de achaques, lo que significa que hay que invertir aún más en la salud de los envejecientes, pero el alto costo de la vida en el país, los pocos recursos de las familias dominicanas y la pírrica inversión del Gobierno en materia de salud, en muchos de los casos, no se lo permite. Y lo que es peor, muchos ancianos se convierten en cadáveres aún en vida.
Un ejemplo fehaciente de esa realidad es Isidro Calzado, alias Julubín, quien tiene 100 años de vida y una larga historia de abandono.
Julubín padece de diabetes y artritis, pero más allá de contar con lo necesario para tener una vejez digna, vive sumergido en una vida de penurias, que sólo de verlo da deseos de empezar a llorar.
Hasta hace poco dormía con varios trapos tirado en el suelo de su pequeña habitación, ahora tiene un colchón porque una feligresa se lo regaló.
Hacer magia
Todos los meses la familia tiene que hacer malabares para conseguir por lo menos RD$3,000 para comprarle sus medicamentos, pero no siempre es posible.
Nosotros algunas veces tenemos que buscar hasta cinco mil pesos al mes para comprarle medicamentos y llevarlo al médico, dice su sobrino Pelagio Calzado.
Durante su juventud Julubín trabajó echando días por un par de pesos, hoy, luego de darlo todo, no tiene nada que lo respalde.
Come lo que aparece, pues la familia no tiene dinero para darle una alimentación especializada.
A pesar de tener un siglo a cuesta, Julubín tiene su mente lúcida, y esto hace que sufra más su pobreza.
La suya es sólo una de miles de historias de ancianos dominicanos, que al llegar a la vejez se convierten en una carga para la familia, que tiene que buscar recursos, aunque tenga que dejar de comer, para comprar las medicinas. Muchas veces la carga es tan pesada que lleva a la familia a la quiebra y al viejo a la tumba.
Abandono
De acuerdo con la Encuesta Demográfica y de Salud (Endesa), apenas el 42% de la población envejeciente va al médico, ya que las grandes barreras que tiene el sistema de salud y la falta de recursos no se lo permiten. En el país no existe el cuidado específico y diferenciado de la salud del adulto mayor en la gran mayoría de los hospitales públicos.
Julubín padece de diabetes y artritis, y como él existen otros que sufren de hipertensión arterial, ceguera parcial, problemas respiratorios, enfermedades cardiovasculares, infecciones urinarias y accidentes cerebrovasculares.
Las estadísticas oficiales indican que un 56% de la población envejeciente padece de enfermedades crónicas.
No puede caminar y, al igual que Julubín, un 15% de los envejecientes dominicanos tiene algún grado de discapacidad física, según Endesa.
Defensa de Conape
La directora del Consejo Nacional de la Persona Envejeciente (Conape), Natalie María, explicó que a pesar de los obstáculos que han tenido, sí han avanzado en algunos puntos para la protección a la vejez.
Citó que entre sus logros está que ya las personas con más de 65 años no pueden ser sacadas de su seguro de vida, como ocurría en otros tiempos.
Manifestó que el Conape ha recibido miles de denuncias de ancianos de diferentes índoles y que la institución los ayuda a resolverlas. No obstante, admitió que la situación de los ancianos en el país es penosa.
Abogó porque la sociedad en su conjunto ponga su granito de arena para que la vida de los ancianos en el país pueda mejorar, y dijo que no sólo en la inversión, sino también en el trato que merecen estas personas.
A pesar de estos esfuerzos que hacen algunas instituciones, la realidad es que miles de envejecientes viven en condiciones calamitosas.
Julubín es un doloroso ejemplo de la cruel realidad que existe en el país.
Las enfermedades más comunes entre los envejecientes
De acuerdo a estadísticas oficiales, el 8% de las personas con más de 65 años en la República Dominicana padece del corazón.
Mientras que el 42% sufre de hipertensión arterial.
El 12.6% tiene problemas de diabetes, al igual que un 10 por ciento de la población envejeciente sufre del corazón grave; entre tanto el 5.1 por ciento tiene ceguera parcial. El 1.1 por ciento padece ceguera total.
El promedio de gasto en hospitalización de un mal sin complicaciones es de 17 mil 600 pesos, eso es si no se dificulta la salud.
Todos esos datos se desprenden de la Encuesta Demográfica y de Salud (Endesa).