Que un político hable mentiras, que niegue la realidad, que desborde de optimismo ante las más absurdas circunstancias y que, con tono enérgico, enuncie ultraelaboradas peroratas, logrando convencer a algunas mentes poco aventajadas o a esas que teniendo el intelecto desarrollado, hayan decidido darlo en alquiler, parece ser rutina de profesión. Parece, dije.
De ahí que el común pase por alto lo absurdo o simplemente pierda la capacidad de sorprenderse, dando como naturales algunas actitudes que ciertamente no lo son.
Que el régimen chavista haya empezado a liberar a “un número importante” de presos venezolanos y extranjeros como un “gesto de paz unilateral” no debe tomarse a la ligera.
O sea, sí había presos políticos. ¡Qué raro!
Raro porque, al final, todo lo que se publicaba de Venezuela en medios influenciados por el “imperialismo” no era sino una exageración y una alteración de la realidad. Eso de cámaras de tortura en el Helicoide también era falso. Eso decían.
De ahí que si se está liberando a los presos políticos entonces la elección del “pueblo” en el último certamen electoral no fue más que un circo; las declaraciones de un Nicolas Maduro mostrando las calles de una Caracas en paz eran hostigamiento ciudadano, y las manifestaciones a favor de la dictadura, una simple vía de subsistencia. ¡El gran hermano! O aplaudes o te mueres.
Es como descubrir el agua tibia, pero tranquilo, préstale atención y disfruta pausadamente de su contacto con el cuerpo en estos días fríos de principio de año.
Están liberando presos políticos en Venezuela. Insisto, ¡qué raro!