…Y con embargo se mueve

Rafael Chaljub Mejìa
Rafael Chaljub Mejìa

Cuba se mueve. Nunca en el sentido en que desearían verla retroceder sus enemigos, pero se mueve y cambia. Acabo de comprobarlo en una visita reciente a ese país.

Ante un mundo que ha cambiado, Cuba se rezagaba envuelta en reglas que si correspondieron a otras épocas, ya se han convertido en trabas que amenazan con empujarla a la parálisis.

Entonces se ha decidido liberar el potencial de las fuerzas productivas, parecido a como hizo Lenin con la NEP, en los inicios del poder soviético.

Conforme a unos lineamientos exhaustivamente discutidos en todos los niveles de la sociedad, se están flexibilizando antiguas normas de planificación y control para dar margen a la iniciativa individual, a la propiedad y el trabajo personal, a las cooperativas no estatales y, como buque insignia de todos los nuevos planes y proyectos se abre campo a la inversión extranjera.

Para esto se construye, “a ritmo de contingente” el superpuerto de El Mariel, gigantesco complejo que por sus dimensiones y las propicias condiciones que presenta, puede rivalizar con cualquiera de su género.

Pero alguien no quiere que Cuba se abra al mundo y mucho menos que el mundo se abra a Cuba. Y a estas decisiones soberanas, Estados Unidos responde apretando los remaches de un embargo que no es cosa de retórica ni de literatura. Cualquier empresa norteamericana que negocie con Cuba es castigada drásticamente, se sanciona a sus directivos y esas sanciones alcanzan a los familiares cercanos de estos últimos.

El barco que toca puerto cubano está impedido durante seis meses de entrar a cualquier puerto norteamericano. Para sus planes turísticos, Cuba cerraba la compra de diez aviones en un país suramericano, como no puede comprar ningún producto que tenga el diez por ciento de sus componentes de origen norteamericano, la operación tuvo que ser detenida. No todo el mundo quiere chocar con los dueños del mayor mercado del mundo.

Con embargo y todo, Cuba está en movimiento. La movilización política que le resulta indispensable a un país que, por causas conocidas, ha tenido que vivir al pie del cañón, con la pólvora seca y con la mecha en la mano.

La movilización política acaba de tener una expresión concreta en la masa compacta que como un descomunal dragón humano desfiló el primero de mayo en la Plaza de la Revolución, en acción simultánea con sendos desfiles en las diversas provincias del país.

La movilización económica también es ostensible. En el surgir de nuevos negocios, en los cultivos agrícolas que hasta hace poco eran difíciles de encontrar, en el viejo y grave problema del transporte, en la industria de la construcción, entre otras áreas. Es solo el comienzo de una marcha por caminos que para los dirigentes cubanos son nuevos e inexplorados. Por eso se les observa tan prudentes. Pero Cuba se mueve y eso es lo más prometedor.