Votar un domingo
La decisión de mover el día de las elecciones al domingo anterior al 16 de mayo ha sido una de las mejores opciones. La mayoría de la gente se desplazó a sus centros de votación sin las prisas que en años anteriores.
El Sistema productivo y el educativo no se vieron interrumpidos por el proceso eleccionario. Claro que no podemos ignorar las situaciones de violencia que tampoco se hicieron esperar.
Tomando en cuenta todos los tipos de eventos que se presentaron dentro de este singular proceso de elecciones sigo pensando que el simple hecho de no interrumpir una semana laboral para obligar a los ciudadanos a ir a las urnas ya fue un paso de avance entre tantos retrocesos.
Si bien en territorio dominicano se presentaron tiroteos y demás eventos a los que ya estamos acostumbrados, en algunas locaciones en el extranjero las actividades transcurrieron básicamente en un clima bullicioso, como es típico de la cultura dominicana.
En ese mismo sentido se apreciaba el desorden que nos caracteriza. Millones de dominicanos en otros territorios sacaron tiempo de sus domingos para ir a votar.
No faltó quien llamara a los más mayores para llevarlos a los centros de votación. Tampoco faltó algún viejito que recordara que hasta no hace muchos años los partidos pagaban pasajes de avión para que los dominicanos regresaran a su tierra a sufragar, así ellos se daban el tiempo de compartir con familiares y amigos. Propuesta que en esta ocasión no estuvo disponible para muchos.
El inicio de semana toma su curso sin mayores tropiezos.
Las cosas para los dominicanos quedaron más o menos igual. Los que ya tenían todo, se quedan con todo y los que tenían nada siguen arañando. El esfuerzo de Danilo Medina de llamar a cada votante también surtio su efecto.
