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Virgen de la Altagracia: Madre de la Esperanza

La Virgen de la Altagracia es Madre de la Esperanza del pueblo dominicano. A ella acuden los que ponen su única esperanza en la fe en Jesús como último recurso. A ella recurren los desahuciados por la medicina, los desesperados por un empleo, la madre con el hijo enfermo, perdido en las drogas o el alcohol o alejado del hogar.

Es María el puente al Jesús que nos dice en Mateo 11:28: “"Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar”. Es María esa Madre que se compadece del dolor, de la vergüenza, de la humillación y la desesperanza y nos dice: “Hagan lo que Él les diga”.

A la Madre Santa acudimos en las buenas y en las malas. A la Virgen de la Altagracia aclamamos en medio de las tormentas de la vida y hasta en la temporada ciclónica para que nos libre de los azotes de los huracanes. Y todos creemos que es nuestra Patrona la que carga en sus brazos a este pueblo poniéndonos en las manos de su Hijo que nos libra de calamidades y tragedias porque Dios nunca desampara a quien Él se acoge.

Son incontables la respuestas de esperanza de la Madre del Pueblo Dominicano evidenciados en la afianzada devoción a la Virgen de la Altagracia que en Higuey da testimonios de que los milagros existen y muchos pasan por la mano de María. En el peregrinar de la fe nos encontramos con las maravillas de Jesús, el Hijo por Excelencia que no le niega nada a su Madre Santísima.

Un testimonio de esperanza de una Madre que escucha a las madres, lo tenemos en uno de los casos que comparte la Basílica de la Altagracia en sus redes sociales. Es el de Freddy Cuevas, una historia conmovedora sobre cómo la intercesión de la Virgen transformó su vida. A los 10 años, Freddy enfrentó una grave situación de salud que parecía no tener esperanza.

Sin embargo, la fe y la promesa de su madre marcaron la diferencia. Hoy, él es testigo vivo de un milagro que cambió su vida para siempre.

Al ofrecer y cumplir su madre la promesa de ir de Monte Plata a Higuey a pie, Freddy fue sanado milagrosamente de un tumor incurable en la cabeza. Él es un testimonio de que, ayer, hoy y siempre, Jesús sigue obrando a través de la Madre de la Esperanza

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Columnista de El Día

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