Viralizar el bien

En el mundo de las TIC se usa el término viralizar para dar a una unidad de información la capacidad de reproducirse de forma exponencial.

Más de una vez se ha hecho tendencia en las redes sociales la opinión sobre el trasero de Kim Kardashian o se han viralizado las excentricidades eróticas de Miley Cyrus. Se viraliza la vanidad y hasta la maldad expresada en pornografía, delincuencia o música que incita a la violencia y a la anarquía.

La televisión fue la primera en sacar ventajas del mal. Mientras más violencia más ‘rating’. Hasta la investigación y la ciencia en canales educativos está cediendo a la cultura de la muerte. Para convencernos de ello bastan los títulos de los programas que se exhiben en el cable: “Mil maneras de morir”, “Preso en el extranjero”, las “Verdaderas mujeres asesinas”, “Índice de maldad”, y otros tantos.

Del romance como centro de las historias de las telenovelas de los canales locales se pasó a presentar el narcotráfico como modelo de éxito. Sermega divao, capo, es la aspiración de muchos jóvenes dominicanos.

Los exponentes de la música, además de convertirse en ídolos de comportamientos violentos, también marcan pautas de lenguaje.

El “tú tapa mí” y “estamo pueto pa ti” nos alertan que el contenido y la sustancia están desapareciendo de nuestra cultura hasta en la forma de comunicarnos.

Para frenar el descalabro moral, en vez del mal, tenemos que viralizar las buenas obras. Hacer viral los testimonios de vida de personas que son resilientes y crecen como rosa en medio del fango.

Hacer viral la solidaridad de miles de voluntarios que dan su tiempo en los hospitales, las iglesias y hasta en las instituciones del gobierno rescatando a jóvenes, niños, niñas y mujeres de las drogas, la violencia o la prostitución.