Vendedores de sueños

Juan Mercado
Juan Mercado

La demanda por la práctica del béisbol en el país ha crecido de manera desproporcionada y ha sido bajo los atractivos que se producen por los bonos y los contratos millonarios que les otorgan los equipos de Grandes Ligas a los jugadores dominicanos.

En el país, las ligas de béisbol menor se han multiplicado como verdolaga y lo que es peor, sin ningún control, y en su mayoría dirigidas por vendedores de sueños que no tienen la capacidad ni el conocimiento para formar a los niños, a quienes les colocan cargas de trabajo que no son propias para su edad. Funcionan en cualquier espacio.

Usted puede ir a las instalaciones donde funciona una liga deportiva de las más reconocidas y notará el cambio desde las afueras por las filas de carros de lujo, evidenciando que ya el béisbol no es exclusivo de los pobres como era en el pasado. Muchos de esos soñadores se olvidan que solo un 2% de los peloteros firmados llega a las Grandes Ligas y el 98% restante se queda sin ninguna profesión y, muchas veces, sin dinero.

Llegar hasta las Grandes Ligas es un logro muy hermoso, pero no todo es color de rosas como se pinta.

Precisamente ayer conversaba con un prospecto dominicano con experiencia de doble “A” y me contaba lo difícil que la estaba pasando, ya que apenas recibe US$11 de dieta para la comida y la cena. Me dijo: “Aquí está difícil, ya que tengo que pagar taxi para ir a comprar la comida”.

En esta etapa hay muchos prospectos dominicanos que viajaron por primera vez a los Estados Unidos, donde empiezan a darse cuenta de la realidad que les tocará vivir en lo adelante.

En los entrenamientos todavía están de maravilla, porque reciben la ayuda de los jugadores más veteranos, pero cuando se van solos para sus Ligas, ahí la piña se les pone agria, porque tienen que resolver por sí mismos.