Una visión crítica innovadora

Una visión crítica innovadora

Una visión crítica innovadora

José Mármol

Para concluir con esta entrega, subrayo que la prosa ensayística de “Pentimentos. Apuntes sobre arte y literatura” (2021) apela a dos cuestiones pilares que distancian su ejercicio ensayístico de una práctica muy acusada en nuestro país.

La primera es entender la función de cooperante del crítico ante la necesidad de comprensión de la obra artística por parte del observador común.

La segunda cuestión es la de liberar de las ataduras del academicismo tecnocrático al lenguaje de la crítica. Durante decenios la crítica literaria y artística de nuestro país ha sido presa de la errónea idea de imponer un método y un aparato categorial, propios de alguna corriente o escuela determinada, al análisis o lectura de la obra estética.

Con Herrera, ese entuerto queda atrás, y su singular prosa crítica devuelve al ejercicio del criterio la frescura, didaxia y hondura propias de la concepción del ensayo en los grandes maestros del género.

La madeja conceptual y estilística de un escritor como Jochy Herrera, al igual que su particular modo de abordar el hecho estético, sin aislarlo de su naturaleza simbólica o semiótica ni de su entorno histórico, está compuesta por una amplia gama de influencias y preferencias científicas, literarias y visuales.

Sin embargo, su solidez humanística viene moldeada por algunos referentes clave, entre los que destacan, primero, a quien él mismo considera el médico humanista “par excellence”, el maestro mexicano, radicado en EE. UU., Francisco González-Crussí, seguido de Michel Foucault, Alan Badiou, Le Breton, Comte-Sponville, Octavio Paz, Cortázar y Bachelard, pasando por el pensamiento filosófico griego clásico, con Platón y Aristóteles a la cabeza, y por artistas representativos del Renacimiento, Romanticismo, impresionismo, cubismo, expresionismo y surrealismo.

En todos ellos vamos a encontrar, con un lenguaje u otro, desde una vertiente de pensamiento u otra, las puntas de lo que considero el eje central de la obra ensayística de Herrera. Me refiero a la relación entre la corporeidad y el lenguaje estético, la physis y el logos (la naturaleza y el lenguaje o pensamiento).

Esto, en función de que el cuerpo es una unidad simbólica fundamental, es una construcción social e identitaria que trasciende lo anatómico, instaurando, a partir del sujeto que le da sentido, una relación concreta con el espacio, con el entorno en que habita.

De ahí su significación antropológica, lingüística, social, política y cultural; es decir, su valor como elemento de representación, tanto ontológica como estética. Marc Augé (1994) afirma, y lo comparto, que del cuerpo al territorio y viceversa, se articula toda una concepción del espacio antropológico, ese en que tendrá lugar la batalla por la identidad, por la sobrevivencia del arte, por el decurso y los cambios en la historia.

En base a una sentencia de Racine, tomada del prefacio a la obra “Berenice” (1670), el filósofo francés Gilles Lipovetsky (2020) apela a una transformación afirmativa de la que denomina sociedad de seducción, esa del gustar y el emocionar, que consistiría en vencer las seducciones pobres por medio de alcanzar seducciones más enriquecedoras y bellas, menos fútiles y consecuentemente, alejadas de la tentadora y dictatorial oferta mercantil, tanto presencial como virtual.

Con el buen gusto y con la emoción por el deleite estético generados por el arte, el pensamiento y la literatura es como Jochy Herrera ha ido asentando una crítica innovadora en el ambiente cultural e intelectual dominicano y en el orbe que atiene a la lengua española, convencido, como el pensador francés, de que solo en el saber y en la cultura tiene la humanidad las herramientas imprescindibles para la construcción de una sociedad más plena, más sostenible económica, humana y medioambientalmente, para el presente y el porvenir.



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