Una sentencia inhumana y aberrante
La sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional, que despoja de la nacionalidad a miles de dominicanos, busca “legalizar” una injusticia incalificable e inhumana. La reacción internacional no se ha hecho esperar.
Porque quitar la nacionalidad dominicana a más de 200 mil personas nacidas en el país antes de 2010 es provocar un apartheid en el Caribe. Es condenarlos a la exclusión, algo sencillamente inaceptable. Controlar la migración es un derecho y una obligación del Estado dominicano, pero en este caso no estamos hablando de inmigrantes, sino de dominicanos de pleno derecho conforme lo establecido en la Carta Magna hasta enero de 2010.
Insisto en que esta decisión racista y excluyente, lejos de resolver un problema como la inmigración sin control, creará otro mayor.
¿A dónde irán esos compatriotas a quienes hoy les está diciendo el Estado que son extranjeros?
Aún hay tiempo de corregir este absurdo. Pero si de todos modos el grupo de seudonacionalistas se impone, las consecuencias las vamos a pagar todos y muy caro, porque esos dominicanos que hoy son afectados con esa sentencia son parte de nuestro cuerpo social.
De entrada, la sentencia divide a la sociedad dominicana entre quienes la apoyan y quienes la rechazan, creando un ruido innecesario y alentando sentimientos negativos entre hermanos. Pero además, en lugar de sumar voces en reclamo de mejores condiciones de vida, en contra de la eliminación de la cesantía, etc.
Es increíble que individuos que dicen ser cristianos, echen a un lado principios como el humanismo y la solidaridad con otros tan dominicanos como ellos y los traten como si no fueran gente. Peor aún, hemos visto a algunos llamar traidores y plagas a los que opinan contrario a sus puntos de vista.
A este absurdo se le quiere dar un matiz político, y hasta gente que históricamente se ha caracterizado por su conservadurismo y entreguismo ante las potencias extranjeras hablan ahora de soberanía nacional, algo en lo que nunca han creído.
Por desgracia, en el coro también hay personas bien intencionadas que se han dejado confundir por esta prédica tan irracional como peligrosa para la convivencia pacífica de nuestro pueblo.
¿Acaso estamos ante el renacer de una corriente neonazi?
¡Cuidado con eso!
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