Ayer 29 de septiembre se celebró en el día Nacional de los Derechos de la Niñez. Muchas instituciones se movilizaron en las redes sociales con mensajes emotivos asociados al tema que incluso llegó a ser tendencia en X anoche.
Más allá de celebrar los derechos de la niñez hay que respetarlos, concretarlos en la práctica y hacerlos vida. Y que cada niño en su día a día sienta que está protegido y libre de riesgos, abusos, maltratos y negligencia y que es una prioridad para su familia, en su escuela y sobre todo para el Estado.
Hace más de tres década, la Convención sobre los Derechos del Niño creó el paradigma de la protección de los derechos de los niños y las niñas. Años después nos preguntamos, ¿dónde están esos derechos? ¿Dónde están los derechos de los niños y niñas víctimas de explotación sexual comercial? ¿Dónde están los derechos de los niños y niñas abandonados de forma física y moral que los expone a todo tipo de riesgo?
¿Dónde están los derechos de esos ángeles perdidos que buscan el cariño de unos padres irresponsables que los engendraron y luego los negaron?
¿Dónde están los derechos de los niños y niñas frente al riesgo descontrolado del uso de las tecnologías, de las redes sociales y los depredadores que existen en el ciber espacio?.
¿Dónde están los derechos de los niños y niñas que sufren en silencio el acoso escolar y todas sus secuelas?
¿Dónde están los derechos de los niños y niñas institucionalizados en supuestos hogares de acogida en los que en vez de protegerlos les roban su infancia?
Todos tenemos hijos o hijas. Y todos fuimos niños o niñas. Los adultos somos entes morales y personas de bien porque alguien fue responsable de nosotros. Nos cuidó, nos educó y nos amó con el amor incondicional de padre y madre.
¿Qué país tendremos si su principal riqueza se está forjando con niños y niñas que se convertirán en personas heridas, maltratadas y frustradas porque no tuvieron el afecto y la seguridad que hace ver el mundo como potencialidad y esperanza y no como una amenaza?
Proteger a los niños y niñas no es una moda de un día. Es una obligación moral y jurídica de las familias, del Estado y de la sociedad. Si perdemos el tesoro que atesora la infancia lo perdemos todo.