Una experiencia clásica de dominicanidad
Quizás como nunca en su historia, la ciudad de Miami, la más importante del estado de la Florida, Estados Unidos, se ha vestido desde el día 6 de este mes en el simbolismo de la tricolor; la azul, roja y blanca bandera de República Dominicana.
La excusa ha sido la perfecta para los dominicanos, porque se trata del deporte que más les apasiona: la celebración de la VI versión del Clásico Mundial de Béisbol, organizado por la Major League Baseball (MLB). La versión actual se ha convertido en un espectáculo deportivo que en la fase de grupo estableció récord de asistencia desde que se inició en 2006. Cifras oficiales fijan en 1,374,232 la concurrencia de fanáticos, incluyendo los 36,340 que estuvieron presentes en el histórico partido entre Venezuela y República Dominicana, en el LoanDepot Park.
En el caso de la ciudad de Miami, ésta se ha vestido de dominicanidad. En calles, avenidas, tiendas, bares y restaurantes, entre otros lugares, el sentimiento patrio se observa reflejado en t-shirt, jersey y gorras alusivas al mundial de béisbol 2026; además de las expresiones culturales que se escuchan por doquier.
Viví en la experiencia, en la fase de grupo, organizada por la Cervecería Nacional Dominicana, bajo el paraguas de su producto estrella, Cerveza Presidente. Un tour espectacular. Bien organizado, desde su partida el día 8 hasta el regreso, cuatro fechas después. En el grupo en que estuve involucrado, las atenciones estuvieron personalizadas de parte de un personal encabezado por la gerente de marca del referido producto, Amaya Rosario. Mención especial también para María Emilia Moya, representante de una de las agencias involucradas en la actividad.
En el estadio de los Marlins, la selección de República Dominicana enfrentó con éxito a las novenas de Nicaragua, Países Bajos, Israel y Venezuela, en la fase de grupos; y el viernes pasado venció con facilidad a Corea del Sur, para colocarse en semifinales frente a la representación de Estados Unidos y, de ganar, ir a la final en procura de volver a obtener una corona, como lo hizo en 2013.
Los dominicanos llegan temprano al play, sin importar que se trate de altos dirigentes políticos, empresarios o funcionarios. Llenan las tiendas de artículos deportivos y las áreas de comidas y bebidas. Una parte ha tenido que pagar multas por estacionar vehículos en las inmediaciones del estadio, ubicado en el 501 de la NW 16th avenue, en la Pequeña Habana. En el juego contra Venezuela esa situación adquirió niveles alarmantes para gente que ni siquiera tenían conocimiento hacia dónde los operadores de las grúas habían llevado los medios de transporte.
Era común, también, ver a personas gestionar entradas para que jefes, familiares o allegados, a fin de asegurarse que pudieran tomar vuelos con destino a Miami.
Los miembros del Salón de la Fama de Cooperstown, Juan Marichal, Pedro Martínez y David Ortiz encendieron la dominicanidad con su presencia, de la misma manera que los artistas Romeo Santos, Nati Natasha y Prince Royce.
Pero la joya de la corona la puso el merenguero Toño Rosario, quien enardeció a miles. Vaticinó que los del plátano power "machucarían" en el terreno de juego a los de la cachapa, y así sucedió. Los chamos, sin embargo, siguen vivos, luego de una victoria épica sobre el favorito Japón.
Indudablemente que esta versión del Mundial de Béisbol ha sido una experiencia clásica de dominicanidad.
