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Una agricultura estratégica planificada

República Dominicana, por su ubicación geográfica, sus tierras fértiles, sus recursos naturales, su estabilidad política, su clima y microclimas, y su cultura productiva, tiene en su sector agrícola una verdadera mina de oro.

Desde la época colonial hemos arrastrado los mismos males en nuestra agricultura: falta de visión estratégica, poco valor agregado a la producción, baja productividad. Así, salvo algunas excepciones, hemos transcurrido hasta nuestros días.

Se han desarrollado acciones importantes, pero al no estar articuladas y complementadas, frecuentemente terminan en fracasos, frustraciones y pérdidas de recursos, y tal vez lo peor: en un descrédito de las instituciones, que crea una atmósfera de desconfianza.

Sería oportuno que el Ministerio de Agricultura, en su rol estratégico, coordine las acciones operativas con las instituciones ejecutivas del sector: Banco Agrícola, Dirección de Tecnificación de Riego, Inespre, Intabaco, Bioarroz, IDIAF, etc. Como un director de orquesta que hace posible la melodía, pues si cada instrumento va por su lado, en vez de música, lo que se produce es ruido.

Nuestro país tiene el potencial de convertirse en la huerta del Caribe, está llamada a eso. Podemos hacer de nuestro sector agrícola no sólo un instrumento para la seguridad y soberanía alimentaria, sino también un pilar sólido y fuerte de nuestra economía.
Debemos diferenciar lo que son acciones sociales para mitigar la pobreza rural, de lo que son acciones agrícolas para crear riqueza e impactar en la economía. Pues las segundas son las que permiten tener recursos para las primeras.

Debemos pasar de la política de “apaga fuegos”, donde las energías se van en resolver las cosas del día a día, a trabajar en torno a una visión clara de hacia dónde queremos ir.

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