De la incertidumbre a la esperanza: así cambió la vida de Johanna Amarante tras un trasplante renal

  • En 2024 se registraron 22 donantes fallecidos, en 2025 la cifra bajó a 12 y, en lo que va de 2026, apenas se ha contabilizado uno.

Hubo una etapa de su vida en la que Johanna Amarante sentía que sus sueños, sus ganas de vivir se escapaban poco poco entre las sesiones de diálisis.

Era joven. Quería estudiar, viajar, compartir con su familia y construir un futuro como cualquier otra persona de su edad, pero la enfermedad renal la obligó a vivir atada a tratamientos que limitaban cada aspecto de su rutina y la mantenían en una constante incertidumbre.

"Estar en diálisis es vivir en un momento de desesperación, muy difícil, muy limitante", recuerda. Sin embargo, hace 14 años, todo cambió.

Un día recibió la noticia que tanto había esperado: había aparecido un riñón compatible de un donante fallecido. Detrás de esa oportunidad estuvo la decisión de una familia que, en medio del dolor por la pérdida de un ser querido, dijo sí a la donación de órganos.

Hoy, 14 años después, Johanna sigue agradeciendo aquel gesto que le devolvió la vida. "Gracias a Dios pude tener el sí de una familia que empatizó con mi situación, siempre estaré agradecida por eso", afirma con serenidad y un agradecimiento que es imposible ocultar.

De la incertidumbre a la esperanza: así cambió la vida de Johanna Amarante tras un trasplante renal
Johana Amarante fue sometida a un trasplante renal hace 14 años. José De León.

Un antes y un después en su historia

Ella describe su historia como un antes y un después.

Tras el trasplante pudo terminar su carrera universitaria, formar una familia, casarse, viajar a otros países y desarrollarse profesionalmente. Pudo llegar a convertirse en una persona productiva para la sociedad, algo que durante los años de enfermedad parecía cada vez más lejano.

"Mi vida cambió un 100 %, pude estudiar, trabajar, viajar y cumplir muchos de mis sueños", cuentó Amarante, quien hoy ejerce la Medina.

El traplante fue aquí, eso es motivo de orgullo

Lo que más le enorgullece es que todo ocurrió en su país República Dominicana.

Muchas personas se sorprenden cuando les dice que su trasplante fue realizado en el país, por lo que insiste en dar a conocer que el programa dominicano de trasplantes funciona y que existen profesionales capacitados para ofrecer una nueva oportunidad de vida a cientos de pacientes, pero también sabe que todavía existe una tarea pendiente, que es sensibilizar a la sociedad sobre la importancia de donar órganos.

"Necesitamos que la gente empatice con quienes vivimos este proceso. Nadie sabe cuándo una enfermedad crónica puede tocar la puerta de su casa, de un familiar o de un amigo", reflexionó Johanna al participar en el Almuerzo Semanal del Grupo de Comunicaciones Corripio, donde estuvo acompañada del doctor José Juan Castillos Almonte, director del Instituto Nacional de Coordinación de Trasplante (INCORT) y las doctoras Mavel Amonte, nefróloga Pediatra; Isaura Cornelio, Gastroenteróloga pediatra.

El llamado de Johanna cobra especial relevancia en momentos en que las donaciones de órganos atraviesan una preocupante reducción en el país.

Baja donación de órganos

El director del Instituto Nacional de Coordinación de Trasplante (INCORT), José Juan Castillos Almonte, informó que las donaciones provenientes de personas fallecidas han disminuido de manera sostenida. Mientras en 2024 se registraron 22 donantes fallecidos, en 2025 la cifra bajó a 12 y, en lo que va de 2026, apenas se ha contabilizado uno.

Según explicó, la principal barrera sigue siendo la negativa de las familias, motivada muchas veces por el miedo, la desinformación y creencias erróneas sobre el proceso de donación.

Ese temor también afecta especialmente a los trasplantes pediátricos. En el caso de niños que necesitan un hígado, los especialistas aseguran que un adulto puede donar una pequeña porción del órgano y continuar llevando una vida normal, mientras que esa parte donada crece junto con el niño receptor, sin embargo, el miedo sigue siendo la principal razón por la que muchas familias rechazan el procedimiento.

Para Johanna, la solución pasa porque a la sociedad le falta lo que llama "alfabetización en donación": educar a la población para que comprenda cómo funciona el sistema y el impacto que tiene una decisión altruista. Ella es la prueba viviente de lo que puede lograr un trasplante.

Catorce años después de aquella cirugía, sigue asistiendo a sus consultas médicas, cuida su alimentación, evita el alcohol, realiza actividades físicas y mantiene la fe que la acompañó durante los momentos más difíciles.

Su historia es también la de una familia que decidió donar en medio del dolor. Una decisión que permitió que una joven dominicana recuperara sus sueños y construyera la vida que alguna vez creyó imposible.

"Estoy viva gracias a ese gesto", concluye.

De la incertidumbre a la esperanza: así cambió la vida de Johanna Amarante tras un trasplante renal

Sobre el autor

Awilda Cuello

Periodista dominicana, con experiencia en prensa escrita y digital.