La libertad de expresión y de empresa son tan consustanciales a los fundamentos ideológicos de la gran república que es Estados Unidos, que es difícil justificar que su temperamental presidente Trump haya prohibido acceso a la Casa Blanca a periodistas de medios que él estima son adversos a su gobierno y sus políticas.
Empresas mediáticas de tan diversa orientación como el liberal New York Times y el conservador Wall Street Journal, y muchas otras, han rechazado el veto contra CNN y otros medios, una censura previa que es un claro atentado contra la tradición política estadounidense y la legalidad.
Ayer se publicó una protesta suscrita por muchos de los principales medios norteamericanos y europeos. Dice: “La libertad de prensa es un pilar fundamental de la Constitución. Su primera enmienda protege el derecho de la prensa a informar sin temor a censura ni represalias por quienes ostentan el poder.
Asimismo, defiende el derecho del pueblo a estar informado. Ningún medio debería ser castigado por el Gobierno por ejercer su derecho a informar, según establecen sucesivas decisiones judiciales durante décadas. [La medida de Trump] es un precedente peligroso, que el presidente decida qué puede saber el pueblo y quién puede publicar esa información”.
La prensa dominicana ha hecho poco caso al tema. Temerle a Washington es uno de los pasos que conducen a la tiranía ilegal, triste destino de ese gran país llamado a ser faro de luz y esperanza, o a la obsecuencia en países amigos obligados a sonreír y ser suaves ante esta intemperancia.
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