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Trump socava el orden internacional

La política exterior de los Estados Unidos, particularmente durante la administración de Donald Trump, se ha caracterizado por un retorno peligroso al uso de la fuerza, el terror y el miedo como instrumentos de presión frente a gobiernos que no se subordinan a sus intereses geopolíticos.

Más que promover un cambio de gobierno en Venezuela, lo que subyace en esta estrategia es la ambición de controlar y expropiar los recursos naturales de esa nación sudamericana, en un contexto marcado por el agotamiento progresivo de las reservas energéticas estadounidenses. Esta realidad explica, en gran medida, la retórica mediática y política sostenida que usa EEUU contra el gobierno de Nicolás Maduro Moros.

El asalto perpetrado por los Estados Unidos en territorio soberano venezolano incluyendo el despliegue de fuerzas especiales y las denuncias de intentos de captura del presidente venezolano socavan y constituyen una grave violación de la Carta de las Naciones Unidas, de las Convenciones de Ginebra y de los principios fundamentales del derecho internacional. Este tipo de conductas no solo erosionan el sistema jurídico internacional, sino que ponen en riesgo la paz y el orden global, con un impacto particularmente alarmante para América Latina, una región históricamente vulnerable a la injerencia extranjera.

En medio de la situación y el escenario que estamos viendo con el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa, una colega que cuyo país también se encuentra bajo amenazas permanente de la política exterior estadounidense, ella expresó una reflexión que resume el desencanto de muchos internacionalistas ante la realidad contemporánea: “Compañero y amigo, creo que nos equivocamos al hacer una maestría en Derecho Internacional; lo que debimos estudiar y aprender fue el uso de la fuerza”.

Esta afirmación, cargada de ironía y frustración, refleja la creciente percepción de que el derecho internacional ha sido relegado a un plano secundario frente a la imposición del poder militar y la lógica del más fuerte. La preocupación no es menor: hoy se normaliza el uso de la fuerza contra gobiernos que no se alinean con los dictados de Washington, mañana podría aplicarse el mismo patrón contra cualquier otro jefe de Estado o de gobierno de la región.

Desde el punto de vista diplomático, Venezuela ha logrado articular una respuesta significativa en el ámbito internacional. La condena de numerosos países frente a las acciones unilaterales de los Estados Unidos y al secuestro del presidente Maduro evidencia que, pese a sus limitaciones, la diplomacia venezolana ha sabido activar mecanismos de solidaridad y rechazo en defensa de su soberanía. No obstante, lo que hoy presenciamos sienta un precedente burdo y peligroso.

Hoy es Nicolás Maduro; mañana puede ser cualquier otro mandatario o mandataria que no se ajuste a los intereses estratégicos de las grandes potencias. Las amenazas abiertas contra otros países de América Latina confirman que no se trata de un caso aislado, sino de una política sistemática que socava el orden internacional y debilita la ya frágil arquitectura del derecho global.

El autor es politólogo, egresado de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), Recinto San Francisco. Analista internacional y ensayista de temas locales, nacionales e internacionales.

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