«Trump está cometiendo un grave error estratégico si piensa que puede repartirse el mundo con potencias autoritarias y conseguir la paz»
En crisis. Así está el orden unipolar mundial imperante desde el colapso de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría a principios de la década de 1990.
La posición de Estados Unidos como única superpotencia ya no solo es cuestionada por rivales como China o Rusia, sino incluso internamente.
«No es normal que el mundo tenga una potencia unipolar. Eso era una anomalía, era producto del final de la Guerra Fría, pero finalmente llegaremos a un punto en el que tendremos un mundo multipolar con poderes en diferentes partes del planeta», declaró a principios de febrero el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, en una entrevista.
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¿Son las palabras del jefe del diplomacia estadounidense la admisión de que EE.UU. está dispuesto ceder parte del enorme poder del que viene gozando a otros actores? ¿Cómo podría ser ese nuevo orden?
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Para responder estas y otras preguntas, BBC Mundo conversó con el historiador Michael Ignatieff, excandidato a primer ministro de Canadá, exrector de la Universidad Central Europea y premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2024.
En su segundo mandado, Trump, con sus deseos de hacerse con el control Groenlandia, de recuperar el Canal de Panamá y de anexarse a Canadá parece exhibir un lado imperialista no visto antes. ¿De dónde surge todo esto?
Trump es una figura para la antropología. Yo lo considero un embaucador. Es una de esas personas que ponen todo patas arriba para desconcertar y sorprender.
Es muy difícil saber si realmente detrás de sus anuncios hay una estrategia o si simplemente son un conjunto de improvisaciones con las que busca obtener algunos objetivos transaccionales dependiendo de la reacción que haya.
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Ciertamente se puede decir que en las acciones de Trump hay elementos del clásico imperialismo yanqui del siglo XIX, pero creo hay algo nuevo y es la provocación. Él ve qué puede obtener de sus provocaciones y, por eso, creo que si se le responde con fuerza, como hicieron Canadá y México con las amenazas de los aranceles, se le puede hacer retroceder.
Europa debería hacer lo mismo. Trump ya ha dejado claro que ya no quiere defender a Europa Occidental. En lugar de llorar y arrancarse los cabellos, Europa tiene que enfrentar los hechos. España gasta el 1,3% de su PIB en defensa. No es suficiente.
Dimos por sentada la protección estadounidense durante 80 años, pero ahora está llegando a su fin. Así que no hay que volverse locos, simplemente tenemos que defendernos.
Pero en los últimos años muchos países europeos han aumentado su gasto en defensa y eso parece que no satisface a Trump y los suyos.
Voy a decir algo más que es muy poco popular: no basta con aumentar el presupuesto de defensa. También hay que buscar que más jóvenes se enlisten en el servicio militar. Hoy la heredera al trono español (la princesa Leonor) está en un barco de la Armada cumpliendo su servicio militar, y tal vez en el futuro, dentro de 5 o 10 años, muchos españoles deberán hacer lo mismo.
Lo que creo que es absolutamente incorrecto es permitir que Trump se apodere de nuestras cabezas y nos impida reaccionar. Necesitamos reaccionar, defender nuestra soberanía e independencia nacional y utilizar los instrumentos que tenemos para promover nuestros intereses.
Además de aumentar el gasto en defensa, ¿cree que los países europeos deberían pensar en recuperar el servicio militar obligatorio para romper con la dependencia con EE.UU. en materia de seguridad?
Voy a hacerme muy impopular con la audiencia de BBC Mundo proponiendo el servicio militar obligatorio en América Latina, España y Canadá. Lo que digo es que no se trata solo de aumentar el gasto en defensa, lo que implicará sacrificios dolorosos en nuestro gasto social. También vamos a necesitar más personas dispuestas a servir. Cualquiera en su sano juicio quiere que esto se haga voluntariamente, pero no creo que podamos excluir la posibilidad de un reclutamiento obligatorio.
Tomemos el caso de Reino Unido. El primer ministro (Keir) Starmer dijo recientemente que quería enviar tropas británicas a Ucrania, pero todos los expertos militares dijeron que el país no tiene suficientes tropas. Países como España no solo tendrán que aumentar su porcentaje de gasto en defensa, y tendrán que reinvertir en sus industrias militares, sino que también van a necesitar que más jóvenes hagan el servicio militar.
Canadá y otros aliados tendrán el mismo problema. Los jóvenes son muy reacios a hacer el servicio militar, pero creo que esta es una necesidad del nuevo mundo al que hemos entrado.
¿Por qué Trump pelea con aliados como Canadá y Europa, mientras se acerca a rivales como la Rusia de Putin?
Es una muy buena pregunta. Creo que hay dos cosas en juego. La primera, y esto fue evidente en el discurso del vicepresidente (J.D.) Vance en (la Conferencia de Seguridad de) Múnich (donde denunció que la libertad de expresión en Europa está bajo ataque por las medidas adoptadas para frenar a la ultraderecha), es que estos revolucionarios de extrema derecha que gobiernan a EE.UU. creen que sus antiguos aliados -Canadá y Europa Occidental- están atrapados en una especie de liberalismo permisivo que ya derrotaron dentro de EE.UU. y ahora quieren derrotar en todo el mundo. Y, por ello, de repente ven a sus aliados como enemigos.
El segundo problema está en el núcleo de los votantes de Trump, los cuales están agotados y desilusionados por las «guerras interminables», por los desastres de Irak y de Afganistán. Esos votantes sienten que el país está de vuelta a lo que vivió durante Vietnam, esa sensación de que sus chicos van al extranjero a luchar batallas sin sentido.
Y a esto último hay que sumarle un elemento muy importante: la fatiga por el costo del imperio y el deseo de transferir esa factura a los aliados. ‘Europa, si quieres nuestra ayuda tienes que pagarla´.
EE.UU. está cansado de soportar esas cargas económicas y lo que hoy está haciendo con Europa seguro lo hará mañana con Asia. Pronto, Trump irá con los taiwaneses, surcoreanos y japoneses y les dirá: ¿Por qué gastamos tanto dinero en defenderlos? Y así ocurrirá con todos los sistemas de alianzas que EE.UU. ha mantenido desde 1945.
El mundo al que estábamos acostumbrados, en el que EE.UU. proporcionaba bienes públicos como la seguridad y la libertad se han terminado y no creo que cambie. No creo que podamos esperar a que Trump deje la Presidencia para que Washington dé un giro. Creo que esto es permanente, es una nueva característica de la política estadounidense.
¿Cómo interpreta las palabras del secretario Rubio sobre un mundo multipolar? ¿Es el anuncio de que EE.UU. está dispuesto a compartir el poder?
Rubio admite que EE.UU. no quiere ser el único garante del orden en el sistema mundial, pero eso de que EE.UU. esté dispuesto a compartir el poder ya es otra cosa. ¿EE.UU. realmente quiere compartir el mundo con Rusia y China? No lo sé, hay una parte del electorado de EE.UU. que es muy hostil a China, debido a la avalancha de productos baratos chinos que socavan la producción estadounidense.
Sí creo que Trump está dispuesto a hacer la paz con Rusia y compartir el poder con ellos, a costa de traicionar a los ucranianos. Pero creo que no está claro qué va a hacer con China, porque con China EE.UU. tiene un enorme déficit comercial.
Si Trump toma la decisión estratégica de repartirse el mundo con la China de Xi Jinping y la Rusia de (Vladimir) Putin y dijera ‘EE.UU. se queda con el área desde Groenlandia hasta Chile, China con el este de Asia y Rusia con Eurasia’, eso sería algo revolucionario que cambiaría el mundo. Pero no creo que haya tomado esa decisión.
Este nuevo orden mundial tendría tres actores. ¿A su juicio ese nuevo orden sería más peligroso que el bipolar que surgió después de la Segunda Guerra Mundial, considerando que dos de los tres centros de poder están liderados por gobiernos dictatoriales?
A Trump no le importa que (China y Rusia) sean dictatoriales. No piensa que por ser dictatoriales sean más o menos peligrosos. Él cree que puede llegar acuerdos con cualquier país, sin importar el tipo de régimen.
Y también creo que no siente ninguna afinidad con las democracias, pues ha demostrado que ve las cosas a través de un lente económico sin excepciones. Por ejemplo, si países de América Latina tienen un superávit comercial con EE.UU. les impondrá aranceles, sin importar que sea la Venezuela autoritaria de (Nicolás) Maduro o el Chile democrático.
Trump obvia que hay una enorme cantidad de investigaciones que demuestran que las democracias no van a la guerra con otras democracias. Vladimir Putin invadió Ucrania porque Ucrania es una democracia, y Rusia no lo es. Así que está cometiendo un grave error estratégico si piensa que puede repartirse el mundo con potencias autoritarias y conseguir la paz.
Si le concede a China una esfera de influencia en el este de Asia y le da carta blanca: ¿cuál será el límite de esa área de influencia? ¿Por qué detenerse en Taiwán? En Pekín podrían pensar: bueno, vayamos a por Australia o Indonesia. China es un país enorme, y es muy, muy poderoso.
Sin embargo, quiero dejar en claro que no creo que si Rusia consigue la paz en Ucrania vaya a invadir de inmediato Europa del Este o que China esté apurada por tomar Taiwán o desafiar a Filipinas. Lo que estoy diciendo es que regímenes como el ruso y el chino no son amantes de la paz.
¿Cómo cree que quedará dividido el mundo bajo ese nuevo orden tripolar?
Claramente Vladimir Putin quiere restablecer la esfera de influencia que la extinta Unión Soviética consiguió tras la conferencia de Yalta de 1945.
Querrá recuperar el patio trasero que tuvo en Europa del Este. Sin embargo, el problema es que ahora el grueso de los países que estaban en ese patio están hoy en la OTAN -Hungría, República Checa, Polonia y los Bálticos-, y la cuestión es si Trump va a respetar los compromisos del artículo 5 (defender a cualquier país miembro de la OTAN que sea atacado). Los rusos quieren que esa garantía desaparezca.
Si la protección de la OTAN desaparece, todos estos países (de Europa oriental) regresarán, tarde o temprano, a la esfera de influencia rusa, y su soberanía nacional y seguridad se verá comprometida.
Por eso la reunión entre EE.UU. y Rusia sobre Ucrania que se celebró en Arabia Saudita ha disparado las alarmas en Europa.
Exactamente, los ucranianos entienden que, por su dependencia del equipo militar estadounidense, Trump puede forzarlos a aceptar un acuerdo que no quieran aceptar.
Lo sombrío de estos acuerdos es que Trump puede estar entregado Europa oriental a Rusia, desde el Báltico hasta el Danubio y el Mar Negro, por lo que podremos tener un nuevo telón de acero y regresaremos a donde estábamos antes de 1989. Y eso será una receta para la inestabilidad.
¿Por qué?
¿Crees que los polacos quieren volver a estar bajo una esfera de influencia rusa? Preferirían morir. Así que es un gran problema para Europa.
Los países de Europa del Este han enfrentado la influencia rusa porque los estadounidenses dijeron ‘los defenderemos’. Bueno, si los estadounidenses ya no los defienden, entonces todo ese mundo comenzará a colapsar. Por eso la suposición de que esto (forzar a Ucrania a claudicar ante las demandas de Rusia) compra la paz es una locura.
Si Putin decide subvertir la democracia en los Balcanes y en el Báltico tarde o temprano comenzarán los disparos y morirán personas. Apaciguar a Putin no es una receta para la estabilidad y la paz. Es una receta para más caos en Europa.
¿Por qué para Trump la seguridad europea ya no es una prioridad? ¿Se ha olvidado de que los dos grandes conflictos globales del siglo XX se originaron en este continente?
No le interesa en lo más mínimo lo que la historia tiene que enseñarle (…) porque piensa que Europa ha sido tomada por un montón de liberales progresistas. Así que no se trata solo de un tema de costos económicos, sino también de desagrado activo hacia las sociedades y los valores europeos.
Si solo fuera una cuestión de fondos creo que se podría resolver. Si él dijera: ‘Sigo comprometido con la defensa de Europa, pero ustedes tienen que gastar más dinero’. Los europeos buscarían el dinero. Pero el discurso de Vance revela otra cosa, porque no solo está diciendo ‘no nos importas’, sino también ‘no nos gustas’.
Pero Europa es un socio económico importante de EE.UU., el comercio entre ambos representa el 30% del total global
Hoy en EE.UU. piensan que Europa es el pasado (…) y creen que no tiene nada que ofrecer. La ven como un simple competidor y una carga. Además, consideran que Europa tiene los valores equivocados, es liberal, progresista y secular.
La combinación entre lo ideológico, lo económico y lo tecnológico me hace pensar que esto es una postura de largo plazo, que no creo que vaya pasar cuando la locura de Trump sea reemplazada en la Casa Blanca. Vance podría ser el próximo presidente de EE.UU. y entonces serían 8 años más de esto.
Trump ha dicho que la guerra en Ucrania es un asunto europeo, porque hay un océano de por medio. ¿Estará dispuesto a entregarle toda Europa a Rusia?
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No creo, y la razón es que eso le hará parecer débil. Estoy seguro que quiere llegar a un acuerdo con Rusia y que no tendría ningún problema en traicionar a Ucrania, pero no puede firmar un acuerdo que lo haga parecer débil.
Debe tener mucho cuidado es de producir acuerdos donde salga como el ganador, porque no querrá la opinión pública estadounidense comience a decir: ‘Perdiste Europa’ (…) Si el lema es ‘Hagamos a América grande de nuevo’, entregar a Europa no la hace grande, sino más pequeña.
¿Cómo debería responder Europa? ¿Qué tiene que hacer?
Tomemos el lado económico. (El expresidente del Banco Central Europeo) Mario Draghi dejó perfectamente claro que a menos que Europa tenga un mercado de capitales y de trabajo único no podrá competir.
No soy economista, así que no es mi área, pero está claro que, a pesar de tener un mercado común en bienes, no hay un mercado en trabajo y sobre todo de capitales europeo. La formación de capital es débil en Europa, y se necesitan enormes cantidades de capital para ser competitivos en el ámbito de la inteligencia artificial, de los medicamentos y en otras esferas.
En el lado de la defensa, Europa tendrá que pasar del 1,3% de PIB al 2,5% muy rápidamente. Y luego tendrá que reforzar el control de sus fronteras, al tiempo que crea un flujo migratorio regular y legal para reemplazar su demografía declinante.
Todo esto es difícil, pero todo esto es posible, y luego tendrá que hacer algunos amigos. Quiero decir, podría hacer mucho más negocios con Canadá, con Asia y África.
Desde finales del siglo XX, líderes latinoamericanos como el fallecido Hugo Chávez vienen hablando de este nuevo orden multipolar. Sin embargo, no solo Europa parece que quedará excluida, sino otras potencias como India, Brasil o México.
Un mundo tripolar con China teniendo una esfera de influencia en el este de Asia, con Rusia en Europa oriental y EE.UU. dominando todo desde Groenlandia hasta Chile, plantea la cuestión de dónde quedan Sudáfrica, Brasil, India e Indonesia.
China, Rusia y EE.UU. pueden dividir el mundo tanto como quieran, pero habrá muchas partes del mundo que no encajarán en ningún lado, y eso es bueno.
El desafío para América Latina y otras regiones es desarrollar economías muy, muy fuertes y sistemas políticos muy sólidos. No es ciencia espacial. Si eres fuerte nadie te empujará.
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