Traidores políticos no son confiables en bandos

luis garcía
Periodista Luis García

El proceso electoral que culminó con las elecciones municipales y las congresuales y presidenciales de 2024 constituyó el período en que se registró la perversión más elevada de la actividad política en la lucha por el poder político en República Dominicana.

La democracia dominicana, especialmente entre los años 2023 y 2024, resultó lacerada mediante la compra y venta de conciencia, a través del uso abusivo de recursos del erario y de otra procedencia de dudosa reputación.

Esta práctica golpeó mayormente al Partido de la Liberación Dominicana (PLD), producto de un considerable número de dirigentes negoció lisonjas con postor oficial, bajo el manido argumento de que esa organización abandonó los principios que le dieron origen. Optaron a conveniencias entre las ofertas cargos en el gobierno, candidaturas a puestos de elección popular, dinero en efectivo o el pago de deudas. Además, de la desarticulación del peledeísmo, el propósito del gobierno del Partido Revolucionario Moderno (PRM) era lograr la reelección del presidente Luis Abinader.

Lo cierto es que la malsana compra de políticos no ocurría por primera vez, pero nunca se había llevado a cabo en esa magnitud, contrariando los valores democráticos en los que debe cimentarse la política.

Ahora se observa a una parte de los que migraron del PLD, con razones valederas o sin ellas, retornando como si no hubiera pasado nada. Esa organización política los recibe sin reparos, en virtud del axioma de que la política es el arte de la sumatoria y en reconocimiento de una decisión del Comité Político que establece que mantendrán la misma jerarquía dirigencial del momento en que salieron del peledeísmo. Sin embargo, ninguna decisión, por estratégica que sea, borra la traición política de quienes actuaron en esa dirección en un momento crucial de sobrevivencia del partido fundado por el profesor Juan Bosch.

Por supuesto, el PLD no ha sido la única víctima de la traición política. En años recientes también ha padecido ese deleznable proceder los partidos Reformista Social Cristiano (PRSC) y Revolucionario Dominicano (PRD); también hay registros en agrupaciones de la izquierda dominicana.

Simón Bolívar, independentista suramericano, planteaba que la traición era el peor peligro para la independencia. Creía que la unión y la lealtad eran vitales para salvar una República. Se le atribuye la frase de que “el traidor no es confiable en ninguno de los bandos; la lealtad es admirada hasta por el enemigo”.

La sociedad dominicana debe reflexionar, de manera colectiva, ante los desafíos que tiene por delante, para que, desde el ejercicio de la actividad política, se asuman plenamente los valores de la democracia, la transparencia, la justicia social y la solidaridad. Y en ese propósito hay que considerar que la moral no sólo debe estar en los anaqueles de las bibliotecas, tratados y libros, sino en la cotidianidad del accionar de cada persona.

En primer peldaño no debe ser en los partidos, agrupaciones y movimientos políticos y ni en los dirigentes, sino a través del adecuado funcionamiento del sistema educativo, de manera que se logre un nivel de calidad educativa que egrese de todos los niveles personas de elevada conciencia moral y social que respondan a las necesidades de una sociedad global. La práctica de las virtudes señala el camino hacia la construcción de una sociedad dominicana más democrática, transparente, justa y solidaria.

Lo anterior sería uno de los componentes para elaboración del antídoto que se requiere con la finalidad de inocular la política con el biológico expulse en automático de esa actividad a los traidores que sólo persiguen en interés particular.

Sobre el autor

Luis Garcia

Periodista, catedrático universitario.