Todo pasa…

José Báez Guerrero
José Báez Guerrero

Mi amigo Tony Raful solía decirme que si su amigo Jacobo Majluta volviera a ser presidente tras sus 42 días por el suicidio de Antonio Guzmán en 1982, el cargo que deseaba era ministro de asuntos sin importancia, encargado de decirle al jefe del Estado cada mañana tras despertar: “Recuerda que eres mortal”. Le sugerí leerle a Jacobo el poema Ozymandias, de Percy Bysshe Shelley, que a mi me abrió los ojos a temprana edad sobre cuan insignificantes somos ante la vastedad de la creación.

Quizás ese sentido de la propia intrascendencia me ayuda a no aferrarme a ninguna certeza excepto las de naturaleza religiosa o moral, y aun así con una fe que requiere de ruegos constantes para preservarla ante el acoso de las dudas.

En mis columnas de prensa digo que vivo equivocado y reivindico el derecho a cambiar de opinión. Todo pasa, hasta la vanidad.

Decía Borges que “la duda es uno de los nombres de la inteligencia. Quien nunca duda, jamás piensa…”. La incertidumbre sospechosa es sin dudas la madre de la mejor ciencia; espectro persecutor, verdugo justiciero de casi todas las certezas humanas y algunas divinas. Abono del saber, veneno del amor…