Sylvester Stallone confiesa el infierno que vivió por su físico: "Me volví bulímico"

  • El precio físico fue devastador. La ansiada liberación no llegó hastaCop Land (1997), donde interpretar a un sheriff obeso y parcialmente sordo le permitió, por primera vez, abandonar la tiranía del gimnasio.

Sylvester Stallone
Sylvester Stallone

Santo Domingo.- Sylvester Stallone (80 años) pasó décadas construyendo una masa muscular que funcionara como fortaleza impenetrable. Detrás de las vetas de granito de Rocky Balboa y la ferocidad animal de John Rambo no había invulnerabilidad, sino un trauma infantil no resuelto, una dismorfia galopante y un uso desmedido de anabolizantes y otras drogas para sostener un estándar inalcanzable.

Hoy, al echar la vista atrás en sus memorias The Steps y en una confesión íntima con The New York Times, la leyenda del cine de acción despoja a sus personajes de su fachada heroica e indestructible para revelar las grietas del hombre.

"Mi cuerpo era mi armadura, se convirtió en una obsesión. Llegué al punto en que me volví bulímico. Bajé a un 2,6 por ciento de grasa corporal cuando estaba haciendo Rocky III, y no podía retener nada. O no quería mantenerlo porque me obsesioné con esa forma física, una adoración obsesiva con mi cuerpo", confiesa la estrella.

Quiso moldear su figura como la de un "jaguar", la de un predador "felino". Por eso cruzó todas las líneas rojas: "Era algo realmente grave. Y nadie lo logra sin aditivos ni drogas, punto. No me importa lo que digan. No es que seas un drogadicto, pero si vas a entrenar y tratar de mantenerte en forma durante seis meses seguidos, y estás comiendo yogur y pudín, no lo vas a conseguir".

"He maltratado mi cuerpo"

Aquel régimen extremo incluyó un uso metódico de esteroides. "¡Dios mío, tenías que hacerlo! Pero con cuidado: seis semanas sí, seis semanas no. La gente decía: 'Oh, no te pones así de forma natural'. No, no te pones así. Pero eso también me pasó factura".

El precio físico fue devastador. La ansiada liberación no llegó hastaCop Land (1997), donde interpretar a un sheriff obeso y parcialmente sordo le permitió, por primera vez, abandonar la tiranía del gimnasio.

"Luego las cosas se torcieron y simplemente caí en desgracia con Hollywood. Pero sí,he maltratado mi cuerpo", narra, sincero.

El origen de esa necesidad compulsiva de blindarse no radicaba en la presión de su trabajo en el cine. Aquella fijación sin límites empezó a gestarse desde niño, en su hogar. Nacido tras un parto traumático en el que los fórceps le paralizaron parte del rostro provocándole un ceceo permanente, Stallone creció bajo el desprecio de sus progenitores.

"Mi madre también venía de una época muy difícil, y realmente no tenía madera de madre", relata en su charla con la periodista Lulu García-Navarro.

"Tenía planes grandiosos para su vida, así que mi embarazo fue una gran interrupción. Creo que no quería creer que estaba sucediendo, aunque ya estaba en el noveno mes. Finalmente estaba en un autobús cuando se puso de parto. Fue terrible. Casualmente estaba cerca de un centro médico, por así decirlo, como una sala de beneficencia", recuerda.

"Tienes ceceo o tartamudeo, estás muy familiarizado con ello. Pero otras personas dicen: "¿Qué? ¿Qué idioma es ese?", añade.

A sus evidentes dificultades del habla y su parálisis facial se sumaba el hecho de que creció bajo el constante maltrato físico y psicológico de sus padres. "Mi madre nunca me abrazó, jamás. ¿Besos? Olvídalo. Y mi padre no era mejor", detalla.

Si su madre lo atacaba de manera constante a base de palabras, su padre hizo lo propio mediante golpes y ataques de ira: "Eran explosiones constantes y luego un silencio absoluto. Si yo no estaba de acuerdo con algo, él empezaba a girar el tenedor y, de repente, ¡zas!Tenía unas manos enormes. Aprendes a esquivarlas".

Stallone ha obviado los episodios violentos de su niñez, dice, porque no quería inspirar lástima: "No incluí muchas cosas en el libro porque no quería que me compadecieran, pero era una locura".

Sobre el autor

Agencias