Santo Domingo.- Las transferencias al sector eléctrico podrían superar las estimaciones realizadas por el Gobierno dominicano. De hecho, el equipo monetario califica este como uno de los posibles riesgos macroeconómicos y fiscales que tiene el país en los últimos meses de este año.
Dicha previsión la realizan basados en la exposición de la economía dominicana a los precios energéticos, las condiciones climáticas adversas de sequía, que podrían reducir la generación de las hidroeléctricas y aumentar así la dependencia de fuentes térmicas más costosas, en un contexto de incertidumbre del entorno internacional.
El subsidio al sector eléctrico alcanza unos RD$58,780.4 millones entre enero y junio de este año, de acuerdo con la última actualización del Ministerio de Hacienda y Economía.
Ese monto representa un crecimiento de 28.3 % respecto a los subsidios otorgados por el Gobierno al sector eléctrico el pasado año, cuando se destinaron RD$42,003.1 millones a ese sector.
Para este 2026, el Gobierno tiene presupuestada una partida de RD$92,475.8 millones para el subsidio del sector eléctrico, especialmente para cubrir el déficit de las empresas distribuidoras de electricidad (EDE).
En los primeros seis meses de este 2026, el subsidio para cubrir el déficit del sector eléctrico absorbió un monto equivalente al 69 % de lo presupuestado.
De acuerdo con el Ministerio de Hacienda y Economía, el gasto por concepto de subsidios ascendió a RD$87,514.8 millones, equivalente a un incremento interanual de 49.3 %. Este desempeño estuvo explicado, en gran medida, por el incremento de los subsidios a los combustibles y las transferencias al sector eléctrico destinadas a mitigar el impacto del aumento de los precios internacionales de los derivados del petróleo, en un contexto de mayor volatilidad de los mercados energéticos provocado por las tensiones geopolíticas en Oriente Medio.
¿Qué pasa en el mercado?
El informe "Informe de Coyuntura Macrofiscal Enero-Junio 2026" publicado recientemente, indica que ese comportamiento se da en un contexto en el que los precios del crudo y el margen de refinación se mantuvieron en niveles históricamente elevados durante el semestre, con un máximo histórico cercano a US$59.58 por barril el 12 de mayo, frente a los US$19.84 del 2 de enero.
El comportamiento refleja que el choque actual no se limita a la oferta de crudo, sino que afecta de forma más aguda la capacidad global de refinación. La caída del precio del crudo no se trasladó con la misma velocidad ni magnitud a los precios de la gasolina y el diésel a nivel internacional, lo que puede indicar una respuesta a la escasez de capacidad de refinación más que a la cotización del insumo.
Para el resto de 2026, las perspectivas apuntan a una moderación gradual de los precios del petróleo, sustentada en una mayor disponibilidad de oferta a nivel mundial.
En este contexto, la OPEP+ acordó incrementar su producción en 188 mil barriles por día a partir de agosto, como parte del desmonte gradual de los recortes voluntarios anunciados en 2023, al tiempo que reafirmó su compromiso de preservar la estabilidad del mercado mediante una gestión flexible de la oferta.
En línea con este escenario, la Administración de Información Energética de los Estados Unidos (EIA) proyecta que el precio promedio del WTI se sitúe en US$76.18 por barril en 2026 y continúe su moderación hasta los US$60.83 por barril en 2027.
En cuanto a las materias primas alimentarias, los precios internacionales comenzaron a moderarse a partir de mayo, luego de las presiones registradas durante los primeros meses de 2026.
En junio, el índice de alimentos disminuyó 3.6 % respecto al mes anterior, aunque permaneció 15.6 % por encima del nivel observado en igual mes de 2025.
La caída mensual se explicó principalmente por la reducción de los precios de los mariscos (12.5 %), los cereales (7.5 %), el azúcar (5.2 %) y la carne (0.5 %), mientras que los aceites vegetales también registraron una disminución de 2.2 %.
En particular, el descenso de los cereales respondió a mejores perspectivas de oferta y al avance de las cosechas en importantes países exportadores, especialmente de maíz y trigo, lo que contribuyó a aliviar parcialmente las presiones sobre los precios internacionales de los alimentos.
Por su parte, el índice de fertilizantes registró un aumento mensual de 14.5 % en marzo, el mayor desde noviembre de 2021, cuando alcanzó 17.9 %. Este comportamiento estuvo impulsado por las interrupciones en la oferta derivadas del conflicto en Oriente Medio, el aumento de los costos del gas natural y de los insumos agrícolas, particularmente de la urea, cuyo precio alcanzó un máximo de US$858 por tonelada métrica al cierre de abril.
Sin embargo, el índice comenzó a descender durante el segundo trimestre, con una caída más pronunciada en junio de 12.1 %, favorecida por la normalización gradual de las cadenas de suministro y la reducción de las restricciones de oferta tras la reapertura del estrecho de Ormuz.
En consonancia con esta evolución, el precio de la urea disminuyó 52.5 % al cierre de junio respecto al máximo alcanzado en abril.
No obstante, en junio el índice de fertilizantes permaneció 15.5 % por encima del nivel observado en igual mes de 2025, lo que refleja que los costos de los insumos agrícolas continúan elevados, aunque con menores presiones hacia el cierre del semestre.
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