Subsidios
Es innegable que somos uno de los países cuya población menos ha sufrido la crisis por la guerra de Irán. El Gobierno enfatiza lo de menos, la oposición lo sufrido.
En el medio de uno y otro alegato está la verdad que los comerciantes, industriales y productores agropecuarios reconocen: el abastecimiento y precios de los productos esenciales se han mantenido estables pese al impacto del choque externo.
Lo atribuyen al respaldo del Gobierno a los agricultores y los subsidios, que han significado enormes gastos adicionales al Erario. Subsidiar los fertilizantes, los combustibles y mantener todos los habituales programas de ayuda social, es un “amansa guapos” de imposible permanencia, pues como decía el asturiano iniciador de una dinastía empresarial local que va por su cuarta generación, “hasta el mar tiene fondo…”.
Al chorro de subsidios deben sumarse los más de RD$190,000 millones dedicados anualmente a las EDE, que aparte de su desastre financiero dan pésimo servicio y fomentan una cultura del robo de luz. Estas políticas ciertamente evitan un aumento de la pobreza y ayudan a preservar cierta paz, pero no ayudan a realizar el pleno potencial de nuestra vigorosa y resistente economía.
Quienes hemos creído y seguimos creyendo que este Gobierno posee mayores aciertos y logros que yerros, a veces nos preguntamos cuán mucho mejor podríamos estar aspirando a más, a estimular un mayor crecimiento, a aplicar macana legal a los pseudo-sindicatos de transporte publico y de maestros y a los políticos enriquecidos sin causa. Me dirán agallú, pero el costo político y económico de preservar esos lisios -como les llamaba Lilís— y rehuir el reto de casarse con la gloria, es mucho mayor que guaimamear.
