Santo Domingo.- Para muchos, el 14 de febrero es sinónimo de rosas rojas, chocolates, cenas románticas y fotografías en redes sociales acompañadas de corazones. Sin embargo, no todos viven el Día de San Valentín desde el entusiasmo o la celebración.
Para algunos, la fecha llega cargada de nostalgia, pérdidas recientes, separaciones o una sensación de soledad que se intensifica ante la aparente felicidad ajena.
La psicóloga clínica Astrid Machado explica que esta celebración puede remover emociones profundas, pero advierte que el malestar no proviene necesariamente del día en sí, sino de lo que creemos que debería ocurrir en esa fecha.
“Lo que a nosotros nos genera malestar no es tanto el hecho en sí, sino la idea que tenemos de lo que debería pasar ese día. Son las expectativas lo que en realidad hace que sea difícil”, dijo la especialista en salud mental al Periódico El Día.

La tristeza y el peso de las expectativas
Según Machado, la tristeza puede intensificarse en fechas simbólicas como San Valentín porque existe un guion social muy marcado sobre cómo “debe” vivirse el amor.
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“Si yo entiendo que en ese día debería estar pasando algo específico y no pasa como yo espero, entonces aparece la decepción. Y esa decepción tiene su raíz en la tristeza”, explica.
La especialista destaca que esto no se limita únicamente a las rupturas amorosas. También puede ocurrir tras el distanciamiento de una amistad significativa o una pérdida familiar.
“Separarse de una amistad también duele. Esa persona que conocía toda mi vida, mis intimidades, de repente ya no está. Es un duelo del que se habla poco, pero que también impacta”, señala.
En ese sentido, la fecha puede convertirse en un recordatorio de ausencias más que en una celebración del amor romántico.
Las Redes sociales la vitrina de la comparación
En la era digital, el impacto emocional puede amplificarse. Las redes sociales, dice Machado, juegan un papel determinante en cómo se vive San Valentín.
“Se expone un pedacito de la vida del otro y es el pedacito más chévere”, afirma.
“Eso despierta la comparación y alimenta la idea de lo que yo debería estar viviendo”.
Las imágenes de cenas, viajes sorpresa y declaraciones públicas de amor pueden generar la sensación de que todos están celebrando, excepto uno mismo.
“Se intensifica esa sensación de que me estoy perdiendo de algo o de que no fui lo suficientemente valioso para que eso me pase a mí. Y eso no es cierto, pero puede generar esa forma de pensar”, advierte.
Machado también señala que existe una presión social implícita para mostrar que la relación está “bien”. Cuando una pareja deja de publicar fotos juntas, surgen suposiciones.
“Es un pensamiento muy blanco y negro: si suben fotos es que están bien; si dejan de subir, es que están mal. No pensamos que tal vez simplemente decidieron no exponer su vida”, explica.
Esta dinámica puede generar una “deuda social”, donde las personas sienten la obligación de publicar para evitar especulaciones, incluso si no lo desean.
El error más humano tras una ruptura
Cuando San Valentín coincide con una separación reciente, el dolor puede sentirse más agudo. En esos casos, Machado identifica un error muy común, intentar evitar el dolor a toda costa.
“Hay un error muy humano, que es no querer sentir ese dolor. Entonces lo que hacemos es anestesiarlo”, afirma.
Esa “anestesia” puede tomar distintas formas, salir compulsivamente, consumir alcohol en exceso, iniciar relaciones rebote o buscar validación inmediata.
“Una relación rebote es estar en el proceso de duelo, pero dentro de otra relación porque necesito esa validación y no quiero pensar en el dolor que me provocó dejar a esa persona”, explica.
Aunque estas conductas pueden generar alivio momentáneo, no resuelven el proceso interno.
“Puede sentirse muy bien en el momento, pero va a hacer más largo el proceso de aprender a vivir con esa frustración”, advierte.
¿Existe un tiempo para superar una ruptura?
La pregunta sobre cuánto tiempo debe durar el duelo amoroso no tiene una respuesta universal.
“Me encantaría decir que en seis meses ya deberías estar bien, pero no es así”, sostiene Machado. “Todo depende de lo que la persona haga en ese tiempo”.
Si alguien pasa meses revisando fotos, mensajes o buscando información sobre su expareja, el tiempo transcurre, pero el proceso emocional no avanza.
“Seis meses no son garantía de nada si no hubo un trabajo interno de despedida gradual”, enfatiza.
No obstante, la especialista advierte que hay señales de alerta cuando la ruptura afecta gravemente la funcionalidad diaria, insomnio persistente, pérdida de apetito, aislamiento social, abandono del autocuidado o pérdida de interés en actividades habituales durante al menos dos semanas consecutivas.
“Ahí hay que poner ojo rápido. No necesariamente es solo por la ruptura, pero si está afectando tu vida diaria, es momento de buscar ayuda”, señala.
Resignificar el 14 de febrero
Ante este panorama, ¿cómo transformar una fecha que duele en una oportunidad de crecimiento?
Machado propone la resignificación. Es decir, cuestionar la rigidez del significado que le hemos dado al día.
“Yo no estoy sufriendo por San Valentín. Estoy sufriendo por lo que creo que debería estar viviendo en San Valentín”, explica.
Resignificar implica ampliar la mirada: celebrar amistades, reconocer logros personales o fortalecer el vínculo con uno mismo.
“Puedo usar este día para mirarme hacia atrás y preguntarme qué he dado, qué me reconozco, cuál es el nuevo autoconcepto que quiero construir ahora”, sugiere.
No se trata de negar el dolor ni de forzar una alegría artificial, sino de aceptar la emoción y darle un nuevo sentido a la experiencia.
Mantener vínculos tras la ruptura: ¿sí o no?
Otro dilema frecuente surge cuando la ruptura implica compartir círculos sociales.
“Hay que revisar la motivación”, indica Machado. “Si la relación con esas personas era genuina y personal, puede mantenerse, pero estableciendo nuevos límites”.
Es fundamental evitar convertir esos espacios en una vía indirecta para obtener información sobre la expareja.
“No me digas si lo viste, ni con quién estaba. Y yo me comprometo conmigo a no preguntar”, aconseja.
Buscar detalles bajo la idea de que “saber más reducirá el dolor” suele tener el efecto contrario.
“Pensamos que si sabemos algo, el dolor se va a reducir. Pero tener más información alimenta esa necesidad y prolonga el malestar”, concluye.
El amor más allá del calendario
San Valentín no es una medida del valor personal ni del éxito afectivo. Tampoco determina quién está “ganando” o “perdiendo” en el terreno emocional.
Para Machado, la clave está en aceptar que el duelo es un proceso gradual, que implica despedirse no solo de la persona, sino también de la versión de uno mismo que existía dentro de esa relación.
“No es solo haber terminado con alguien. Es despedirse de todo lo que implicaba esa relación y de quién yo era para que funcionara”, reflexiona.
En una sociedad que premia la inmediatez y la apariencia de felicidad constante, permitirnos sentir y procesar puede parecer un acto contracultural. Sin embargo, es precisamente ese proceso el que abre la puerta a una reconstrucción más consciente y saludable.
En lugar de preguntarse por qué el 14 de febrero no se vive como dicta la tradición, quizá la pregunta sea otra: ¿qué significado quiero darle yo a este día?
Porque, al final, el amor en pareja o en soledad no se mide por una fecha en el calendario, sino por la capacidad de reconocerse, cuidarse y reconstruirse cuando el corazón necesita tiempo.
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Edili Arias
Periodista egresada de la Universidad O&M, apasionada por escribir sobre niñez, salud e historias humanas. Combina su amor por el periodismo con su afición por los deportes. Madre de dos niños, lo que le aporta una perspectiva cercana y sensible en sus reportajes.