Sobre loma Miranda

Roberto Marcallé Abreu
Roberto Marcallé Abreu

Recientemente asistí a una conferencia ofrecida en la Academia de Ciencias por el ingeniero Ramón Alburquerque sobre “Loma Miranda”.

Opino que, para la edificación de nuestros conciudadanos, es fundamental que esa honorable institución refundada por el doctor Arnaldo Espaillat Cabral realice excepcionales esfuerzos a fin de difundir su contenido que, desde ya, califico como aleccionador e impresionante.

Es evidente que hay quienes procuran presentar el tema como un problema de intereses encontrados entre grupos e instituciones con diferentes puntos de vista.

Pero no se trata solo de eso, como se evidenció en esa charla. El hecho de que un 87 por ciento de las poblaciones circunvecinas se oponga a su explotación debe resultar un indicio de la sabiduría de un pueblo que conoce como el que más lo que se encuentra en juego.

El respeto al medio ambiente es un tema decisivo que involucra variables esenciales como la vida y la muerte. Es esto cuanto se debate. Y no se trata de una exageración.

Es preciso escuchar los detalles sobre la relevancia que posee ese hábitat para el sistema ecológico total de la isla. Bastaría con manifestar que la explotación o no de loma Miranda supone la existencia o la desaparición del parque Nacional de Los Haitises para solo citar una de nuestras formaciones geológicas más notables.

Las aguas subterráneas, que alcanzan el 75 por ciento del total de su volumen, serían afectadas de manera grave en toda la isla. El medio ambiente sufriría daños irreparables.

Es evidente que, detrás de esta “discusión”, subyace una campaña millonaria de quienes poseen el control de una parte sustancial de los minerales que se comercializan en todo el mundo.

Una empresa que maneja los precios, las bolsas de valores y que se expande sin cesar. Sus activos ascienden a cientos de miles de millones de dólares.

Loma Miranda es, desde este punto de vista, una pieza de un ajedrez gigantesco que involucra sumas exorbitantes.

En un medio como el nuestro, “poderoso caballero es don dinero”. Hemos llegado a un punto de degradación tal como ser nacional que se entienden muchas de las “razones” que motivan a personas y sectores a apoyar la liquidación ecológica de la República Dominicana siempre y cuando sus cuentas personales estén bien provistas.

Me llamó la atención la declaración del ingeniero Alburquerque sobre el desastre ecológico que representa Haití, la eventual explotación de sus riquezas mineras y el absoluto descontrol que rige en ese Estado colapsado en el que su prensa demanda el abandono voluntario de doscientas mil personas por año a fin de hacer medianamente habitable ese territorio.

Las autoridades nacionales, tan permisivas y temerosas, deberían, por lo menos, cuestionar a los responsables de ese Estado colapsado y ocupado por inviable sobre aquellos aspectos (como el de las aguas subterráneas) que ponen en peligro la existencia misma de toda la isla. Es una esperanza, pero nunca está de más reiterar la petición.

Las enseñanzas de nuestras luchas históricas y del patricio Juan Pablo Duarte han sido soslayadas a tal nivel que es poca la receptividad que puede esperarse de quienes han cedido su heredad por un plato de lentejas.

El solo hecho de desplegar nuestra bandera y su significado les llena de terror. La única esperanza de salvación radica en la conciencia del pueblo dominicano y en su capacidad para oponerse a este y a otros tantos desatinos.