Sobre la reelección
No soy opuesto a la reelección por razones de principios. Y en caso de que alegara que lo soy, no tendría autoridad para oponerme cuando he respaldado la permanencia en el poder de líderes como José Stalin, Enver Hoxha y Fidel Castro, entre otros.
En cambio, estoy en contra la reelección en un país específico, la República Dominicana; no por principios, repito, sino por los perjuicios que el continuismo ha provocado al país a lo largo de nuestra historia.
Parece que el poder desencadena en quien lo ejerce una especie de lujuria contra la cual es difícil resistirse. Mucho menos cuando la gente del entorno más cercano a un mandatario y una legión de aduladores son quienes más asedian al Presidente con la historia aquella de la necesidad nacional de seguir en el poder.
Ni siquiera voy a referir los casos de los grandes tiranos de nuestra historia lejana, porque están frescos los malos ejemplos de la dictadura balaguerista de los doce años y de algunos gobernantes más recientes.
En nuestro país, yo no sé en otros, la relección presidencial es un factor de conflictos y enfrentamientos. Divide a la sociedad, al Gobierno, al partido de turno y, por demás, se lleva de paro la institucionalidad.
Ni que decir del uso vicioso de los recursos del Estado. Conste que el primer recurso del Estado es el propio Presidente que busca reelegirse.
También los funcionaros que dejan sus despachos oficiales y salen a moverse por todo el país, algunos de ellos con el correspondiente maletín cargado del dinero público.
Por demás, la reelección ha sido aquí un grave obstáculo a la democratización de la sociedad y del ejercicio estatal. Y muchas veces, la Constitución es la primera víctima cuando se le zarandea para acotejarla al interés del reeleccionismo.
Esa ha sido la historia de nuestro país y para que no se alegue que trato de meterle miedo a nadie, me abstengo de citar los casos de gobernantes que con tal de seguir mandando, han apelado a la violencia represiva para aplastar a sus opositores.
Ahora la reelección presidencial está de moda nuevamente, y en razón de que el presidente Danilo Medina deja correr la bola sin pronunciarse, hay que esperar que a la hora de tomar su decisión final, tenga en cuenta esas lecciones de la historia.
Cultura.
Nuestra isla tiene un clima maravilloso y tierras prodigas en riquezas naturales, realmente es un lugar de privilegio para trabajar y vivir en paz.
Empecemos a vivir como isleños, no como europeos, norteamericanos o asiáticos, sino como lo que somos ¡caribeños! de cara al mar, supuestos a vivir vestidos con pocas ropas de frescas telas de algodón o lino, no enfundados en trajes y sacos oscuros – como sepultureros bajo el sol ardiente- vientos frescos, lluvias repentinas, huracanes, y ciclones, seamos isleños con los pies sobre la tierra amada, asumiendo nuestras realidades, luchando y progresando a diario con orgullo y dignidad.
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