Soberanía para principiantes

David Alvarez
David Alvarez

Uno de los mitos más difundidos en el pensamiento político y social Occidental es la pretendida soberanía de los Estados.

Desde la extrema derecha, hasta la extrema izquierda -cuando la topografía política era moneda en curso-, se argumentaba como proyecto ideal el fortalecer la soberanía de los Estados nacionales como recurso fundamental para los proyectos políticos.

Imperialismos, fascismos, dictaduras, comunismos, nacionalismos y resto de la fauna del siglo XX buscaron la soberanía de sus Estados, no la de los vecinos, menos las de los Estados a quienes invadían o controlaban.

La soberanía es una fantasía: es suponer que es posible vía el Estado construir un mundo auto-suficiente que no acepta de otros Estados ninguna injerencia.

Quizás el caso histórico mas cabal de ese mito fue la Albania comunista, verdadero infierno para sus habitantes. En nuestro lar nativo el patriotismo se identifica con el proyecto trujillista, que le permitió al sátrapa convertir el país en su finca particular.

Sobre esa pesadilla hoy se construyen apelaciones a la soberanía, especialmente cuando se trata de la explotación de los más pobres y la segregación de quienes son diferentes.

Se rechaza que cualquiera desde fuera quiera “meter sus narices” en la violencia que los sectores de poder ejercen contra los más débiles en nuestra tierra.

La “soberanía” tiene otros dueños, pero sigue siendo la finca de Don Pio y los demás somos Cristino. Contra esos amos de la finca lucharon desde Montesinos hasta Juan Bosch. Nos toca ahora a nosotros.