Síndrome de las ubres llenas
MIAMI, FL. Lawrence Summers, el exsecretario del Tesoro de los Estados Unidos, era la ficha del presidente Barack Obama para presidir la polémica y retadora Reserva Federal (FED) en sustitución de Ben Bernanke, quien termina legalmente su gestión en enero de 2014.
Pero Lawrence se ha dado de baja a sí mismo de la nominación, pues ha visto que el Senado prefiere a la actual vicepresidenta de la FED, Janet Yellen. Este hecho es tan común en la tecnocracia y la política norteamericanas que valdría poco la pena comentarlo en una columna.
Pero el contenido de una carta de Lawrence a Obama le confiere otro matiz al acontecimiento y me conduce a una extrapolación con ciertos comportamientos de la cultura política dominicana, en donde nadie renuncia, porque quien llega a un puesto público de inmediato es azotado por “el síndrome de la ubre llena”.
Un cargo en el gobierno dominicano es una poza rebosada en la que abrevan insaciables -directa o indirectamente- el funcionario, sus familiares, relacionados, la esposa, la novia, restaurantes, joyerías, líneas aéreas, hoteles, suplidores de nuevo cuño y hasta periodistas farsantes que hacen de la coima una industria próspera.
Lawrence dice en su carta: “He llegado a la conclusión de que cualquier proceso de confirmación sería complicado para mí y no redundaría en interés de la Reserva Federal, la administración o, en última instancia, de los intereses de la recuperación en curso en el país”.
¿Cuántos burócratas y políticos dominicanos están convencidos de que los intereses de la nación están por encima de las apetencias individuales? ¿Veríamos una reacción como la de Lawrence entre gentes que, cual ave carroñera, planean sobre el Banco Central, la Superintendencia de Bancos u otras instituciones que expiden un olor a guiso para la nariz de los oportunistas?
Es posible que en 2014 se experimenten cambios en entidades reguladoras y normativas. Como creo que el presidente Danilo Medina no piensa reelegirse -una decisión que hace innecesario donar cargos como piñata – tiene una brillante oportunidad de decantarse por la fortaleza institucional y no por la cualquierización de la gestión pública.
