Siguen mudos los restos de 14 africanos que llegaron en un cayuco a la costa dominicana en un viaje de unos 6 mil kilómetros

  • Este hecho saltó al conocimiento público la tarde del martes 6 de agosto de 2024

Osamentas en-embarcacion de Africa

Santo Domingo.-Todavia espero el informe del Instituto Nacional de Ciencias Forenses acerca del hallazgo estremecedor de 14 osamentas en un cayuco a la deriva a unas 18 millas de la costa atlántica dominicana, por Río San Juan.

Este hecho saltó al conocimiento público la tarde del martes 6 de agosto de 2024, cuando un pescador y su hijo informaron a los guardias costeros de la presencia de la pequeña embarcación con unos colores y estilo extraños a las líneas de las yolas, que son las usadas en el país.

La embarcación resultó de origen africano y más adelante sabríamos que había zarpado de Mauritania el 23 de enero de aquel año con 77 personas de aquel país y de Senegal que esperaban desembarcar en una de las islas del archipiélago canario.

Para hacerse una idea

La distancia entre Mauritania y Canarias en un viaje de avión es de unos 980 kilómetros, según un calculador de distancias en la web. Una ruta marítima como la iniciada por el grupo, en cambio, es de 633 kilómetros lineales que se convierten en más de mil por la necesidad de evadir corrientes marinas.

Esta distancia, de acuerdo con la misma fuente, puede ser superada en un cayuco con motores fuera de borda en un viaje que se toma de tres a seis días.

Osamenta encontrad en zona rural de Nagua, María Trinidad Sánchez.
Osamenta encontrad en zona rural de Nagua, María Trinidad Sánchez.

Cuando fue hallado a 18 millas, unos 33 kilómetros, de la costa atlántica dominicana, y a unos 5,600 kilómetros de su punto de partida, el cayuco carecía de los dos motores con los que debe haber salido de Mauritania, lo que permite pensar que estuvo dando tumbos durante parte del tiempo de navegación. Al final los 77 ocupantes se habían reducido a 14 esqueletos y ningún sobreviviente.

Cuando Odiseo salió de Troya con el pensamiento puesto en Ítaca lo hizo en doce embarcaciones, y si tenía 50 remeros en las galeras de cada una se puede hablar de cientos de guerreros y al final llegó sólo. Hoy todos podemos acceder a la versión de Homero sobre aquella travesía. La de estos 77 africanos es, en cambio, un misterio de la era de la hipercomunicación.

Demasiado humano

Lo más importante que debe de haber ocurrido durante aquella travesía es de interés humano, pero nadie, sin interrogar los teléfonos encontrados en la embarcación, puede aspirar a tener una vislumbra de lo ocurrido entre el momento de la salida y el de la muerte del último sobreviviente.

Es humana la angustia que los acompañó cuando se vieron a la deriva, lo es la locura del primero que se lanzó a las aguas del océano o la practicidad de quien lo tiró, y lo es aquello que puede ser imaginado acerca del que vio morir a su lado a un compañero en un momento del viaje en que ya carecía de fuerzas, voluntad y cordura para entregárselo al Atlántico.

Tenemos que conformarnos con el drama de las migraciones, las causas, las expectativas de la gente que sale de su país y se va al de otros, ¿en busca de qué? Uno de esos dramas, Ceuta entre los días finales de julio y primeros de agosto pasados, a donde fueron a dar decenas de miles de africanos que trataban de ingresar a España, que es como decir a Europa, ha dejado una huella en observadores como yo, que se detienen a preguntarse por qué tanta gente marinada escoge esta salida.

Sin el interés de los gobiernos de Mauritania y de Senegal parecía improbable que el gobierno dominicano destinara recursos humanos y materiales para interrogar teléfonos y restos humanos.

Hoy día la importancia la tienen las máquinas, los estilos de vida y los algoritmos.

Sobre el autor

Miguel Febles

Periodista. Editor en jefe.