Si queremos paz, eduquemos en la 42

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Frente a la violencia contra mujeres, niñas y niños, es urgente emprender acciones que induzcan a un cambio de cultura orientada a la tolerancia y al respeto mutuo a todos los niveles.

Aplicar la pedagogía de la ternura y la disciplina positiva en la educación de los niños y niñas en la familia y en la escuela, además de fortalecer su autoestima y desarrollo, incide en la armonía social.

La disciplina positiva es enseñar a controlar la conducta. Consiste en elogiar comportamientos positivos, aplicar recompensas o medidas que eliminen conductas negativas y promover la reparación del daño causado.

Contrario a la disciplina positiva está la disciplina negativa que, según Doescher y Burt, contribuye a formar niños y niñas frustrados, agresivos y con baja autoestima. Técnicas de disciplina negativa son dar órdenes, comentarios negativos, críticas, frases ofensivas o amenazadoras y castigos irrazonables.

Con pocos elogios se puede conseguir futuros comportamientos y actitudes positivas. En vez de exagerar con regaños por conductas negativas, para lograr cambios, hay que motivar y elogiar por lo que se hace bien.

Las recompensas refuerzan las conductas positivas siempre que sean variadas, adecuadas, que se cumplan a tiempo y que centren en una sola conducta o conductas asociadas que se quieren mejorar.

Las medidas disciplinarias correctivas deben ser aplicadas junto a una enseñanza que contribuya a eliminar la conducta no deseada. Deben aplicarse a tiempo, usarse con moderación, explicar las consecuencias de la mala conducta y ser firmes.

La técnica de reparación del daño se utiliza para terminar comportamientos no deseados repetitivos. Mediante ella se induce a reparar el daño causado por una conducta y señala los comportamientos deseados.

Otras técnicas de disciplina positiva son las propuestas por Doescher y Burt, incluyen ofrecer frases positivas, usar un lenguaje corporal apropiado, como sonreír, mirar a los ojos, adaptar la posición corporal al nivel del niño o niña, reestructurar el ambiente eliminando elementos que inviten a malas conductas, dirigir o redirigir las conductas, brindar opciones y poner límites.
Si queremos ciudadanas y ciudadanos pacíficos, eduquemos a los niños y niñas en la paz.