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“Si no me mata la presión, me mata la espera”: la realidad del Hospital Juan Pablo Pina

  • Desde antes del amanecer, pacientes de distintos sectores de San Cristóbal acuden al hospital público

Hospital Pina-salud-San Cristóbal
Una señora espera en una banca que se está cayendo en el Hospital Juan Pablo Pina. Eleiser Tapia.

Santo Domingo.-“Yo tengo que trabajar y mira la hora mi tiempo no le importa a esta gente”, dice Carolina, nombre ficticio, pero historia real mientras avanza lentamente en una fila para facturar y poder recibir la consulta con un médico cardiólogo en el Hospital Juan Pablo Pina, en San Cristóbal.

Mira la hora en su celular. Lleva mucho tiempo esperando.

Son las 8:15 de la mañana, pero Carolina llegó mucho antes. Reside en la comunidad de Calle Bonita y se levantó antes de las 5:00 a.m. para llegar al centro de salud alrededor de las 6:00.

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Pacientes en filas para facturar consultas en el Hospital Juan Pablo Pina. Eleiser Tapia.

Trabaja como empleada doméstica y cada minuto fuera del trabajo es un descuento seguro en su salario.

“Si no me atienden hoy, no sé cuándo pueda volver. Si no me mata la presión me mata la espera”, dice.

Un hospital despierto desde la madrugada

La escena en el área de consultas externas del Juan Pablo Pina es la de un hospital que parece no dormir.

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Pacientes en los pasillos.

La sala está abarrotada. Largas filas, asientos ocupados algunos visiblemente deteriorados, a punto de colapsar y rostros cansados que evidencian que el día empezó mucho antes de que amaneciera.

Hay pacientes con yesos y cabestrillos, mujeres embarazadas con la mano en el vientre, niños en brazos y otros caminando de la mano de sus padres o tutores. Algunos conversan en voz baja; otros, simplemente esperan en silencio.

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Apenas son las ocho de la mañana y el desgaste ya es evidente.

Carolina observa a su alrededor y se pregunta en voz alta, “cuando llegué ya había muchas personas, no sé si es que duermen aquí. Mi doctora empieza a ver pacientes a las siete, pero si las que facturan no están, ¿Qué hacemos?”.

La atención que no orienta

Durante un recorrido realizado por el equipo del Periódico El Día, la gran afluencia de pacientes era innegable.

Personas provenientes de distintos municipios y sectores de la provincia de San Cristóbal coincidían en un mismo punto, y es que la dificultad no siempre está en los médicos, sino en el proceso previo para llegar a ellos.

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Pasillos de la sala de emergencia.

Margarita, otra usuaria del centro, valora positivamente la limpieza del hospital, pero deplora la actitud del personal de apoyo.

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Salas de espera del Hospital Juan Pablo Pina. Eleiser Tapia.

“Uno pregunta y nadie sabe dónde queda nada, nadie sabe quién es quién”, comenta con molestia. La falta de orientación convierte los pasillos en laberintos y la espera en desesperación.

Una sala de emergencia con menos pacientes y más silencio

El panorama cambia al llegar al área de emergencias. A diferencia de la consulta externa, la sala de espera luce menos concurrida.

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Una vez dentro, incluso hay camas desocupadas. Los pocos pacientes presentes están acompañados por algún familiar, pero llama la atención la ausencia visible de médicos y enfermeras en ese momento.

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Sala de espera del área de emergencia.

“Gracias a Dios la casa ha estado floja, eso es bueno”, comentó uno de los agentes de seguridad la reportera. La frase, aunque bienintencionada, contrasta con la tensión habitual que suele asociarse a una sala de emergencias.

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Una enfermera asiste un paciente. Eleiser Tapia.

Los agestes de migración visible, pacientes ausentes

En el área se observa la presencia de al menos cuatro agentes de Migración. Uno permanece en la emergencia general y tres una mujer y dos hombres en la emergencia pediátrica y de obstetricia, donde se atiende a las parturientas.

Según explicó un empleado de seguridad, tras la implementación del plan migratorio, la presencia de pacientes haitianos en el hospital se ha reducido de manera drástica.

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Agentes Migratorios.

Paradójicamente, la vigilancia migratoria resulta más visible que algunos servicios de orientación al usuario.

Un recorrido sin respuestas

A las 8:40 de la mañana, un empleado informa al equipo de El Día que para tomar imágenes y conversar con los pacientes es necesaria la autorización de la Dirección del hospital. Sin embargo, nadie indica con claridad dónde obtenerla.

La atención al usuario es casi nula, incluso en los pasillos cercanos a las oficinas del director y la subdirectora.

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Hospital Juan Pablo Pina, en San Cristóbal

Tras varios intentos, se informa que el director del centro, doctor Wagner Guzmán, se encuentra en una reunión con el director regional de Salud. La subdirectora, Juana Emilia Reyes, atendería al equipo, pero media hora después también se comunica que no está disponible.

La espera institucional

Son las 9:20 de la mañana cuando la encargada de Relaciones Públicas, Leidy Jiménez, explica que solicitará la autorización correspondiente. La espera continúa. Una hora después, la respuesta es negativa, no será posible ofrecer declaraciones ni permitir el acceso solicitado.

Mientras tanto, frente al fondo que conduce a los quirófanos, la vida hospitalaria sigue su curso. Camillas y sillas de ruedas entran y salen con pacientes que serán asistidos.

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En una pequeña sala de espera, los rostros de los familiares reflejan preocupación, nerviosismo y esperanza. Allí no hay prisa, solo incertidumbre.

Tras casi dos horas, Jiménez, con trato amable, informa que posteriormente se comunicarán con el equipo del periódico.

La promesa queda suspendida en el aire, como muchas de las expectativas de quienes acuden diariamente al hospital.

El Hospital Juan Pablo Pina es un centro que resiste, resiste la alta demanda, la falta de orientación, las largas filas y la presión social.

En sus pasillos conviven la vocación médica, el cansancio del personal de apoyo y la urgencia de cientos de pacientes que no pueden darse el lujo de enfermarse.

Carolina sigue esperando. Sabe que, al final de la mañana, deberá correr al trabajo o explicar por qué llegó tarde.

Como ella, decenas de personas cargan no solo con dolencias físicas, sino con el peso de un sistema que, aunque funciona, lo hace a costa de la paciencia y la dignidad de quienes menos tienen.

En el Juan Pablo Pina, la salud no solo se atiende, se espera.

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Periodista egresada de la Universidad O&M, apasionada por escribir sobre niñez, salud e historias humanas. Combina su amor por el periodismo con su afición por los deportes. Madre de dos niños, lo que le aporta una perspectiva cercana y sensible en sus reportajes.

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