Si me engaña una vez…
Ala humanidad le place el engaño, en especial si es producto del ingenio de políticos y promotores.
Y no hay mejor ejemplo que el que históricamente le ha tocado vivir al dominicano, con farsantes de todo tipo que se exhiben como héroes y salvadores, a pesar de que solo han sabido “alimentarse” de las “tetas de la vaca” del Estado por medios non santos.
Las estafas, por lo tanto, son tan comunes que ya la gente en todas partes está acostumbrada a ellas, y cuando no la engañan hace todo lo posible para que ocurra, ya que se siente “estafada”.
Hace unos días denominé esa conducta como “masoquismo estructural”, la cual se ha entronizado a tal extremo que se ha hecho costumbre.
Entre los aficionados al deporte es tan común como en la política, y el ejemplo más reciente es Pacquiao-Mayweather, que de seguro recibirá en una revancha el mismo respaldo que el combate original, el cual generó cifras económicas astronómicas históricas.
Manny, al llegar ayer a Filipinas, comenzó a ver las posibilidades de la “revancha”, y aunque ahora todo el mundo habla de que fue objeto de una estafa, pueden apostar peso a morisqueta que si se materializa recibirá igual o mayor respaldo que la primera.
Que de eso no le quepa dudas a nadie, en el mundo la estafa está legalizada hasta por los propios Estados; imagínense lo que puede suceder entre promotores de boxeo, que no serán “científicos”, pero tienen un doctorado para manejar a la perfección a la opinión pública, al momento de llevarla al “matadero”, tal y como hace la mayoría de los políticos del patio, que con el tiempo, se convierten en verdaderos genios del engaño.
