Gou y el presidente de Sharp Corp., Kozo Takahashi se reunieron ante más de 300 periodistas en la planta Sakai de la compañía con sede en Osaka, flanqueados por las banderas de Taiwán y Japón.
Estaban exultantes y se estrecharon las manos al finalizar un plan de rescate para Foxconn y sus afiliadas destinado a controlar Sharp por 389,000 millones de yenes (US$3,500 millones).
Fue un momento de paz infrecuente para el agresivo Gou, que pasó cuatro años persiguiendo al fabricante de electrónica japonés y superó pronósticos adversos y obstáculos de último momento para poder ganar.
Sharp perdió 10,000 millones de dólares en los últimos cuatro años. Pasó a producir pantallas planas grandes cuando empezó la demanda de teléfonos inteligentes y tabletas con pantallas más pequeñas.