Viernes, 23 de agosto, 2019 | 4:00 pm

Ser adulto



He tenido el privilegio de ocupar mi vida en la formación de jóvenes.

Miles de estudiantes que han pasado por mis cursos, mis tres hijos, los amigos y amigas de mis hijos y centenares de jóvenes con quienes he compartido en actividades religiosas, sociales y políticas, además de subalternos en relaciones laborales.

Y toda esa experiencia tiene una cuestión que se destaca: la inquietud de los jóvenes por alcanzar la adultez.
Mi principal consejo siempre es el mismo. Para ser adulto se requieren dos rasgos fundamentales.

El primero es tener claridad y compromiso con los grandes objetivos que nos planteamos para la vida.

El segundo es desarrollar la resiliencia necesaria para soportar todo tipo de sacrificio en aras de alcanzar esos objetivos.

Sin tener objetivos definidos no se puede ser adulto. La vida digna de vivirse no consiste en ser una veleta movida por las circunstancias.

Se debe tener lucidez en los objetivos de valor que se buscan y suficiente voluntad para perseguirlos.

Un adulto pleno es quien puede dar cuenta de lo que está haciendo con su vida.

El otro aspecto esencial es la capacidad de asumir sacrificios y reveses en la búsqueda de los objetivos, sin dejarse atrapar por los conflictos surgidos en los escalones de ascenso a las metas.

Muchos jóvenes valiosos los he visto rendirse y enredarse en problemas que los atascan, en lugar de avanzar a sus metas. Ni las montañas, ni los oasis, debe distraerlos.

Ningún pleito vale la pena si no te lleva a tus metas.

David Alvarez

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