Se quedaron con la cara larga
La reunión entre representantes de los gobiernos de Haití y República Dominicana, celebrada el pasado martes, y en la que se suscribieron acuerdos satisfactorios para ambas partes, es un importante primer paso en la línea de apaciguar los ánimos a uno y otro lado de la frontera, que en los últimos meses han estado maliciosamente exacerbados por los falsos nacionalistas de aquí y de allá.
Los presidentes Danilo Medina y Michel Martelly han dejado “con la cara larga” a gentes que, sin serlo, ha querido presentarse como los más “radicales” defensores de la soberanía dominicana, a pesar de que nunca en su vida se les ha visto jugarse el pellejo en la defensa de de la Patria, y que, al contrario, han sido serviles ante tiranos como Trujillo, y ni hablar de su proverbial entreguismo ante Estados Unidos.
Haitianos y dominicanos somos hermanos. Somos iguales, aunque diferentes. Compartimos una pequeña isla y en tal virtud estamos obligados a respetarnos y convivir de manera pacífica, lo cual no implica que ninguno de los dos países renuncie a su soberanía.
Y si bien es cierto que históricamente grupos ultraconservadores se han empeñado en mantener un “tirijala” entre los dos pueblos, lo cierto es que así como República Dominicana ha servido de refugio para centenares de miles de inmigrantes haitianos, también estos han contribuido con su trabajo a la economía dominicana.
No se puede menospreciar una mano de obra barata que según estudios aporta alrededor del 5% del PIB de República Dominicana. Esto, para no hablar de haitianos, como el poeta Jacques Viau, que ofrendó su vida por nuestra Patria.
Oficialmente se informó que los temas a discutir en este primer encuentro celebrado en Juana Méndez serían Comercio, Migración, Medio ambiente y Seguridad Fronteriza, pero todos sabíamos que en el meollo del asunto está la dichosa sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional, que desnacionaliza a decenas de miles de dominicanos de origen haitiano.
Y la razón es que la inmensa mayoría de los hijos de inmigrantes residentes en el país “en condición irregular” es haitiana, y si efectivamente se lleva a la práctica semejante despropósito, los únicos afectados serían aquellos hijos de inmigrantes haitianos que durante décadas vinieron a trabajar al país y con los años formaron familias, y tuvieron hijos que, según la Constitución vigente hasta 2010, tienen derecho a la nacionalidad dominicana.
La situación creada con la referida sentencia ha sido aprovechada por aquellos que en vez de entendimiento quisieran que en estos momentos dominicanos y haitianos se estuvieran matando. Por eso han hecho bien ambos gobiernos en echarle un poco de agua al vino.
Eso sí, debemos estar conscientes de que se trata solo de un primer paso.
Las comisiones acordaron reunirse nuevamente el 3 de febrero en Santo Domingo. No es mucho, pero por ahora me alegra que se haya producido este acercamiento y que los falsos nacionalistas se hayan quedado “con la cara larga”.
