Se pasa el año del centenario de la ocupación yanki
Se agota inexorablemente el año 2016, centenario de la primera ocupación militar norteamericana, fuente de tantas desgracias y desventuras para nuestro país.
Se ha perdido así una valiosa oportunidad de educar a la generación actual en el sentido de dignidad y soberanía, de dominicanidad y patriotismo de que hicieron galas los hombres y mujeres de la resistencia nacional de aquel entonces.
Era de suponer que las urgencias políticas de un año electoral relegarían la conmemoración de aquella experiencia, pero ocurre que ya las elecciones pasaron y el asunto sigue tan postergado como antes.
Aún hay tiempo para superar esa indiferencia, y con esa intención cito una fecha luctuosa que debiera ser rememorada. Se trata del 29 de noviembre, fecha en que en 1916 la República Dominicana fue puesta oficialmente en estado de ocupación militar por parte del gobierno norteamericano.
El anuncio, hecho desde su buque insignia surto en el puerto de Santo Domingo, por el capitán Harry S. Snap, desconoció el gobierno constitucional, suprimio el Congreso nacional y anuló violentamente la soberanía de una nación que había peleado con tanto valor por su libertad y su independencia.
Lo que siguió a aquella declaración no tenía precedentes en nuestro país.
El aire frío y fúnebre del terror se extendió por todos los rincones del país, bajo el azote de las tropas de ocupación.
La libertad de prensa, de reunión y manifestación cayeron por tierra. Los antiguos tribunales civiles fueron convertidos en cortes marciales, se inauguraron formas de tortura y atrocidades contra los ciudadanos, desconocidas aún en medio de las turbulencias de las guerras civiles en toda nuestra historia y fue precisamente en la escuela de esas prácticas que se educó Trujillo, y la tiranía que este impuso tuvo en la ocupación yanki y sus horrorosos métodos las más robustas raíces.
Pero lo más importante es resaltar que pese a todo el terror, la resistencia nacional se incrementó y los patriotas que la mantuvieron escribieron, apunta de coraje y de civismo, una de las más gloriosas páginas de nuestra historia.
Qué oportuno fuera que en estos tiempos, en que los procónsules de la misma potencia exhiben igual arrogancia de hace cien años, se recordaran con la sonoridad y la amplitud debidas jornadas históricas como aquellas. Vamos a ver quiénes se animan y ponen manos a la obra.
