Se Acabó El Estado del Bienestar

Frederich Bergés
Frederich E. Bergés

Durante 200 años, América Latina soñó con construir un Estado de bienestar a la europea: pensiones generosas, salud universal, protección social financiada por el Estado sin límite aparente. Justo cuando la región vuelve a esa promesa, el modelo original se rompe delante de nuestros ojos.

El gobierno de coalición alemán, liderado por el canciller Friedrich Merz, acordó a finales de abril un recorte al Estado de bienestar por 38,300 millones de euros hasta 2030. La reforma golpea sanidad, seguro de desempleo y, sobre todo, pensiones. El propio Merz admitió que la pensión pública ya no bastará para mantener el nivel de vida de los jubilados; el sistema pasará a ofrecer apenas una "cobertura básica".

¿Por qué Alemania, la economía más sólida de Europa, con deuda pública de apenas 60 % del PIB, recorta primero? Porque hasta el país mejor administrado del continente chocó con el límite estructural del sistema de reparto: los trabajadores de hoy pagan, con sus cotizaciones, las pensiones de los jubilados de hoy. Ese equilibrio se vuelve cada vez más frágil frente a menos cotizantes por pensionado y gobiernos que ya no pueden seguir cubriendo el déficit con más deuda.

Ese es el problema de fondo que Latinoamérica debería mirar con atención. El reparto puro no es un asunto exclusivamente alemán: es un modelo que, tarde o temprano, choca con los déficits fiscales y las deficiencias presupuestarias de cualquier Estado, por sólido que parezca. Por eso cada vez más países han incorporado sistemas de capitalización individual o ahorro obligatorio, donde cada trabajador financia su propia pensión, en lugar de depender de que las futuras generaciones sigan cotizando lo suficiente para sostener a las anteriores.

Ese es el espejo que República Dominicana no puede ignorar. Mientras discutimos cómo ampliar beneficios y fortalecer esquemas solidarios, el país que inspiró el modelo de bienestar europeo lo está desmontando, porque las cuentas ya no cuadran. Copiar un sistema justo cuando revienta no es visión de futuro; es nostalgia mal calculada. La lección no es renunciar a la protección social, sino construirla sobre un pilar de capitalización que no dependa de que el Estado siga pagando lo que prometió hace décadas.