Sacúdase, señor Presidente, antes de que le terminen de apagar las pocas luces que usted ha encendido
Un blackout cinco estrellas volvió a apagar el poco entusiasmo de los dominicanos, en momentos en que nos preparamos para estrenar la línea 2C del Metro, que procura sacar a los residentes de Los Alcarrizos del marasmo en que, desde hace décadas, los tienen sometidos los “concheros” de ese municipio.
También nos apagó el deseo de esperar el desfile militar, para ver las mismas morisquetas de cada año (¿para qué tanto derroche de recursos mostrando durante un día una parafernalia que no nos enorgullece?), porque a la hora de actuar contra quienes cada día se apoderan de nuestro territorio, no hacen otra cosa que burlarse de nuestra benevolencia y negociar con el tráfico de indocumentados a través de nuestra frontera.
El apagón, el segundo en menos de cuatro meses, que pone en vilo la seguridad nacional, nos impide ver con claridad el colorido del carnaval, robándonos el deseo de presentar al mundo parte de nuestra identidad cultural.
Me gustaría ver cuáles serán los argumentos de los responsables de que nuestro sistema eléctrico sea cada vez más endeble, para luego justificar un fideicomiso (unión entre macos y cacatas) que “resolverá de una vez y para siempre los odiosos apagones”.
Ahorita sacrifican dos o cuatro técnicos y los hacen responsables del colapso, mientras los verdaderos responsables se lavan las manos como Pilatos.
¿Y es así que nos preparamos para suplir de energía eléctrica a nuestros hermanos de Puerto Rico? ¡No me joda usted!
Si no somos capaces de tener redes eléctricas adecuadas para alumbrar los 48,442 kilómetros cuadrados que tiene el territorio dominicano, ¿cómo vamos a tener la capacidad de venderle energía eléctrica a Puerto Rico?
Pienso, señor presidente, que a usted, al igual que al pueblo, ese grupito de camajanes que siempre ha vivido de la extorsión y el chantaje, produciendo apagones financieros, le está engañando y vendiendo sueños.
Daba pena, señor presidente, ver esa hilera de capitalinos que, después de una larga jornada laboral para buscar el sustento de sus familias y hacer crecer la economía de la patria, cruzaban a pie los puentes de la 17 y Villa Mella, mientras dos o tres se lucran con el endeble sistema eléctrico dominicano.
Haga algo, señor presidente. Sacúdase de esa horda de sanguijuelas que está sangrando al país, a la economía y desgastando su gestión.
Remueva la mata con fuerza para que todas esas frutas podridas caigan al suelo y podamos decir: “Por fin un presidente puso en cintura a esos bandidos y hoy vivimos en un país completamente iluminado”.
Sacúdase, señor presidente, antes de que le terminen de apagar las pocas luces que usted ha encendido.
