¿Sabes quiénes cuidan la memoria histórica dominicana?

¿Sabes quiénes cuidan la memoria histórica dominicana?

La memoria histórica dominicana se preserva cada día gracias al trabajo especializado de profesionales que rescatan, organizan, restauran y digitalizan los documentos custodiados por el Archivo General de la Nación.

Un documento antiguo puede parecer apenas un conjunto de hojas marcadas por el paso del tiempo, pero detrás de su permanencia existe un proceso que pocas veces resulta visible: identificarlo, clasificarlo, describirlo, restaurarlo cuando presenta deterioro, garantizar condiciones adecuadas para su conservación y, cada vez con mayor frecuencia, digitalizarlo para facilitar su consulta.

Esa labor ocurre diariamente en el Archivo General de la Nación (AGN), institución que arriba a sus 91 años con una responsabilidad que trasciende el almacenamiento de documentos: preservar las evidencias que permiten reconstruir y comprender la historia dominicana.

Durante nueve décadas, miles de piezas de valor histórico han pasado por diferentes procesos de rescate, organización, restauración y digitalización.

El objetivo no es únicamente evitar su deterioro físico, sino garantizar que investigadores, estudiantes y ciudadanos puedan acceder a ellas y utilizarlas como fuentes para conocer el pasado.

La memoria de un país no se conserva sola y detrás de cada fondo documental existe un equipo especializado que determina cómo debe tratarse cada pieza y qué procedimientos necesita para mantenerse disponible para las generaciones futuras.

Restaurar papeles deteriorados, organizar fondos históricos, digitalizar documentos y comenzar a utilizar inteligencia artificial forman parte del trabajo técnico que permite preservar y hacer accesible la memoria documental de República Dominicana.

Memoria que crece

Una forma de dimensionar esa tarea está en el crecimiento de las colecciones recibidas por la institución.

Hasta febrero de 1982, el AGN había recibido alrededor de 100 donaciones, realidad que cambió desde 2005 hasta la actualidad, ya que la cifra supera las 1,120 donaciones procedentes de personas e instituciones nacionales e internacionales.

Detrás de ese aumento existe también un elemento menos cuantificable: la confianza.

Figuras e instituciones de los ámbitos cultural, académico, empresarial y gubernamental han entregado sus archivos al AGN, ampliando un patrimonio documental que necesita ser organizado y tratado antes de quedar disponible para consulta.

Una colección recibida no se convierte automáticamente en un archivo accesible. Los documentos requieren procesos de organización y descripción que permitan identificar qué contienen y posteriormente localizarlos.

Cuando el deterioro amenaza su conservación, entra en escena otro trabajo especializado: la restauración.

El AGN ha desarrollado técnicas que permiten intervenir documentos con diferentes niveles de daño para mejorar su estado y prolongar su vida útil.

La digitalización incorpora otra dimensión al proceso, pues contribuye a preservar la información y ampliar las posibilidades de acceso sin depender exclusivamente de la manipulación del original.

¿Sabes quiénes cuidan la memoria histórica dominicana?

Del papel a la pantalla

La transformación experimentada durante los últimos 20 años ha cambiado también la relación entre archivo y usuario.

La organización de depósitos, la descripción de los fondos, la digitalización, los servicios en línea y la consolidación de una Sala de Atención al Usuario han sido parte del proceso dirigido a convertir al AGN en una institución más funcional y accesible.

El desafío ya no consiste solamente en conservar el papel.

Una parte creciente de la memoria contemporánea nace directamente en formato digital, lo que obliga a pensar desde ahora cómo se conservarán documentos electrónicos que dentro de décadas podrían convertirse en fuentes esenciales para comprender nuestro presente.

El Archivo ya cuenta con un Departamento de Documentos Electrónicos y ha comenzado a incorporar nuevas herramientas tecnológicas a determinados procesos.

Entre ellas aparece ya la inteligencia artificial.

La institución ha comenzado a utilizarla en proyectos específicos relacionados con la transcripción de documentos históricos y el fortalecimiento de la descripción archivística, con la intención de agilizar tareas técnicas y facilitar el acceso a la documentación.

La tecnología abre así una nueva etapa para un oficio cuya esencia, paradójicamente, continúa siendo la misma: impedir que la información desaparezca.

Un oficio especializado

Nada de esto sería posible únicamente con equipos, depósitos o plataformas digitales.

La archivística requiere conocimientos especializados y actualización permanente. Por esa razón, el AGN ha desarrollado programas de formación mediante cursos, diplomados y maestrías para su personal y ha extendido estas oportunidades a otras instituciones públicas y privadas y a personas interesadas en especializarse en el área.

Esa formación adquiere particular importancia ante los cambios tecnológicos. Preservar un manuscrito antiguo plantea desafíos distintos a conservar correctamente un documento electrónico, y la institución debe estar preparada para atender ambos mundos simultáneamente.

El reto de los próximos años estará precisamente en esa convivencia: seguir protegiendo siglos de documentación física mientras se construyen los mecanismos para conservar la memoria digital que el país produce hoy.

A sus 91 años, el Archivo General de la Nación permite mirar la preservación histórica desde una perspectiva diferente. Los grandes acontecimientos, las decisiones públicas, las obras culturales y las historias individuales pueden convertirse en memoria colectiva porque alguien conserva las evidencias que permiten posteriormente reconstruirlas.

Es un trabajo silencioso que comienza mucho antes de que un investigador abra una caja, consulte una plataforma o encuentre el documento que necesitaba.

Cada página restaurada, cada colección organizada y cada archivo digitalizado constituye una pequeña intervención contra el olvido. Y detrás de todas ellas permanece un oficio técnico cuya verdadera dimensión quizá solo pueda apreciarse cuando pensamos en lo que ocurriría si esos documentos dejaran de existir.

¿Sabes quiénes cuidan la memoria histórica dominicana?