Rol del CONEP
Guardo excelentes recuerdos del antiguo CNHE, actual CONEP, que recién cumplió 63 años de fundado. Por varias décadas colaboré con el CNHE y sus magníficos logros que narro y documento en mis memorias.
En la reciente celebración, sus aventajados y diligentes dirigentes resaltaron la estabilidad del país, la confianza que merece el Gobierno y la disposición sus asociados para generar más y mejores empleos con nuevas inversiones y seguir aportando al crecimiento.
El presidente Abinader es afortunado por contar con un apoyo tan leal y merecido de la principal organización del sector empresarial, un aliado en las acciones oficiales para promover más desarrollo y creación de riqueza.
Sin embargo, al rememorar el rol frecuentemente adversarial del CNHE y varios gobiernos del siglo pasado, me pregunté si la actual almibarada relación conviene más que cierta distancia, imprescindible para respetuosamente disentir o cumplir mejor con su expresado propósito de liderar el fortalecimiento de la libre empresa, promover el avance socioeconómico y ser un activo agente de transformación institucional.
Como entidad cúpula que agrupa asociaciones industriales, empresariales, agropecuarias, comerciales, financieras, turísticas, mineras, de telecomunicaciones y energía de la nación, al CONEP se le reconoce su capacidad para el diálogo multisectorial, la defensa de la industria local, las buenas prácticas sostenibles y otras virtudes.
Pero… ¿no habría un mejor clima de inversión y mayor productividad en el país si el CONEP exigiera que las EDE cumplan su responsabilidad sin drenar al erario con subsidios estratosféricos? Aparte del daño moral de obligar o tolerar el colosal robo de luz.
¿O apoyando que el Gobierno combata con macana legal las flagrantes ilicitudes impunes de los pseudo sindicatos de transporte y de maestros? Son sólo dos ejemplos -tipo Pareto- de que la excelente relación del Gobierno y el CONEP podría resultar muchísimo más beneficiosa para ambos y también el resto del país, si aplicaran aquello de que amor no quita conocimiento. El desengaño tras una ceguera voluntaria es el más doloroso…
leídas