Retos políticos

Retos políticos

La pasada semana participé en el programa de mi querido y admirado, Pablo McKinney. Durante una hora, aproximadamente, debatimos sobre temas culturales, de gobierno y, por supuesto, políticos.

Como todo acucioso periodista, Pablo se interesó por conocer mi postura en relación con los retos que tiene por delante la política dominicana en un contexto tan cambiante, que altera la conversación ciudadana dentro y fuera del territorio nacional.

En medio de conflictos bélicos, cambios geopolíticos y transformaciones tecnológicas, la política no puede quedar al margen de la discusión y menos en una sociedad como la nuestra, en la cual el desarrollo humano, social y económico ha experimentado, en los últimos tiempos, un crecimiento sostenido.

Por eso en la conversación surgieron preguntas tan necesarias como la de enfrentar la crisis de valores éticos; cómo mejorar la perspectiva de futuro para desvincularnos de un pasado inexacto y no del todo provechoso, etc. La mencionada entrevista, por asuntos de tiempo en televisión, no me brindó el espacio necesario para extenderme en un análisis más ponderado.

Roberto Ángel Salcedo

Es por ello que, de manera más extendida, me permito compartir con ustedes algunas reflexiones sobre los instintos humanos, la política y sus retos.

Los instintos humanos
Desde que el poder y la política han interactuado y coexistido, uno de los mayores desafíos ha sido gestionar los instintos humanos. Como un ejemplo elocuente, quisiera referirme a la obra del profesor de la universidad de Georgetown, Josiah Osgood, quien publicó un libro que analiza con escrupuloso detalle rasgos en el liderazgo de Julio César y del senador romano, Catón el Joven.

En su texto, “César contra Catón”, demuestra cómo los instintos humanos de estos líderes, que dominaron la escena política entre los años 60 y 40 a.C., contribuyeron al debilitamiento y posterior destrucción de la República Romana.

El libro muestra cómo ambos hombres encarnaban dos visiones irreconciliables de Roma. César representaba una política pragmática, orientada a la eficacia y al liderazgo personal fuerte, incluso si ello implicaba superar o manipular las normas republicanas. Catón defendía una concepción casi sagrada de la legalidad y la virtud cívica, influida por el estoicismo, convencido de que ceder ante líderes carismáticos significaría abrir la puerta a la tiranía.

Osgood describe episodios como: los debates senatoriales, la crisis política previa a la guerra civil y el apoyo de Catón a la causa de Pompeyo, para ilustrar cómo la confrontación entre ambos no era sólo personal, sino una lucha por el alma institucional de Roma.

En última instancia, el enfrentamiento entre César y Catón comprometió la existencia misma de la República porque expuso la fragilidad de sus mecanismos políticos. Las instituciones republicanas dependían del equilibrio entre ambición personal y respeto por las normas; cuando ese equilibrio se rompió, el sistema dejó de funcionar. La guerra civil que culminó con la victoria de César y el suicidio de Catón en Útica simbolizó el colapso de ese orden antiguo.

Como sugiere Osgood, más que un simple conflicto entre dos hombres, fue el choque entre la fuerza transformadora del poder personal y la defensa intransigente de las instituciones, un choque que terminó abriendo el camino hacia el Imperio romano.

Más de dos mil años después, las mismas intenciones, visiones, e instintos prevalecen. La política continúa moviéndose bajo impulsos muy similares a los que marcaron la vida pública de la antigua Roma, porque, aunque cambian las instituciones, las tecnologías y los discursos, la naturaleza humana permanece esencialmente igual. Ambición, búsqueda de poder, liderazgo carismático, rivalidades personales y disputas entre principios e intereses siguen siendo fuerzas que moldean la vida política, tal como ocurrió entre figuras como César y Catón.

Las democracias modernas han desarrollado reglas más complejas y sistemas de control más elaborados, pero los actores políticos continúan debatiéndose entre la eficacia del poder y la defensa de las normas institucionales. En ese sentido, la historia romana nos recuerda que la política, más allá de las épocas, sigue siendo el escenario en el que se enfrentan la ambición, principios y la eterna tensión entre liderazgo fuerte e institucionalidad.

Los partidos en la sociedad de hoy
Uno de los retos políticos fundamentales de hoy día, es la actualización de los instrumentos democráticos llamados partidos políticos. Un partido adaptado a la realidad tecnológica del siglo XXI debe concebirse menos como una estructura rígida y más como una red dinámica de participación ciudadana, capaz de escuchar, deliberar y decidir en tiempo real.

La tecnología nos conduce inexorablemente a que la política, ejercida a través de los partidos, motorice la participación de sus militantes y simpatizantes mediante plataformas digitales en consultas, debates programáticos y evaluación de políticas públicas, haciendo del partido una organización abierta, transparente y basada en datos.

Retos del PRM
En este modelo descrito, reconfigurado ante la nueva realidad virtual y de inteligencia artificial, el Partido Revolucionario Moderno, como principal organización del sistema democrático del país, está llamado a liderar una transformación cualitativa de sus procesos internos de desarrollo, con un liderazgo no limitado a dirigir, sino a establecer nuevos mecanismos para impulsar la labor de inteligencia colectiva en la utilización de herramientas de análisis para comprender las necesidades sociales y realizar con autenticidad una efectiva comunicación en entornos digitales en los que se forman las nuevas opiniones públicas.

Así el PRM, en el actual contexto político, no sólo debe organizar sus estructuras con la mirada puesta en los certámenes eleccionarios, también debe procurar la construcción de comunidad, conocimiento y confianza, integrando innovación tecnológica con valores democráticos y visión de futuro.

En los próximos meses nuestra dirigencia vivirá un proceso interno de renovación para establecer el nuevo liderazgo en toda la geografía nacional y en sus seccionales en el exterior.

Ese grupo de hombres y mujeres, que acompañará al presidente Luis Abinader, y que habrán de conducirnos, indefectiblemente, a nuevas conquistas electorales, debe ser estructurado como el resultado entre la fusión del liderazgo forjado desde las luchas democráticas y las experiencias, y el nuevo talento que ha llegado al partido y que se abre paso con determinación y compromiso.

Los retos políticos son múltiples; la sociedad dominicana demanda de un liderazgo actualizado, más ético, más resuelto y con mayor sentido humano.