Reprimir la poesía

José Mármol
José Mármol

En sociología política o en historiografía la noción de régimen lleva intrínseca la condición de autoritarismo, cerrazón, dictadura, totalitarismo, opresión, crímenes de Estado, secuestro de los derechos humanos fundamentales, burda y falsa propaganda a diestra y siniestra, latrocinio, horror.opinion 41

De ahí, que en términos de organización social, cobren validez expresiones como régimen del terror, en la revolución francesa; regímenes zaristas, régimen soviético, régimen militar, dictadura disfrazada de partido único y socialismo (mágico caribeño), entre otras.

Es más que conocida la larga lista de intelectuales, ortodoxos, colaboradores y liberales, que han sido sacrificados por regímenes totalitarios de izquierdas o de derechas; es decir, regímenes racionalmente mancos.

Sin embargo, lo ocurrido en este sentido en la antigua Unión Soviética, nacida de la deslumbrante revolución de octubre de 1917, sobre todo, durante la tiranía de Joseph Stalin, es algo solo comparable a los más horrendos capítulos de la historia de la humanidad.

Ciertamente F. Dostoievski fue encerrado por nueve años por el zar Nicolás I, por razones de naturaleza política, lo que equivale a decir, injustamente, y quizás sea ese el preludio a la delirante persecución de la policía o seguridad del Estado stalinistas contra los intelectuales y artistas que no comulgaban con el dogma del comunismo a la radical y feroz manera del stalinismo delirante.

Testimonios acerca de toda esa injusticia, al igual que la propaganda a favor de ese y otros regímenes totalitarios, sobran en cualquier estantería por modesta que sea.

Pero, el narrado por Nadiezhda Mandelstam (1899-1980), esposa, durante 19 años, y viuda durante 42 años, del gran poeta Ósip Mandelstam (1891-1938), en su libro de memorias titulado “Contra toda esperanza” (Acantilado, 2012), publicado en inglés por vez primera en 1970, es de singular franqueza y tristeza.

Cuando se habla de Ósip Maldestam, Anna Ajmátova (1889-1966), su entrañable amiga y ambos figuras destacadas del movimiento acmeísta o de la nostalgia por la cultura universal europea; Marina Tzvetáieva (1892-1941) y Joseph Brodsky (1940-1996), Premio Nobel de Literatura 1987, nos estamos refiriendo a los más importantes poetas de lengua rusa del siglo XX; a los que solo agregaría nombres como Serguéi Esenin (1895-1925), esposo de Isadora Duncan, y Vladimir Maiakovski (1893-1930), quienes se suicidaron en 1925 y 1930, respectivamente.

Casi todos condenados a destierro, cárceles, asesinatos de familiares, hambre, mendicidad y exclusión por parte de la intelectualidad comunista y los aparatos represivos del régimen. Esto es tan cierto como el hecho de que el comunismo ha sido un gigantesco fracaso, solo útil para la detención y destrucción de su hermano gemelo, el fascismo.

Ósip Mandelstam fue condenado al destierro, que quería decir exclusión de las grandes ciudades rusas y despojo de derechos civiles, y a constantes acosos, detenciones y envío a campos inmundos de muerte lenta.

Vivir, entre mayo de 1934 y diciembre de 1938, mes en que cree su viuda que muere de tifo, por abandono médico, en un campo de trabajos forzados llamado Vtoráya Rechka, en habitaciones de cuatro metros, en cuartuchos de amigos, en sanatorios o en una dacha o casa pobre de campo prestada por algún escritor burócrata por un par de semanas; sin trabajo remunerado, con solo un abrigo, condenados ambos a la indigencia, la mendicidad, tomando té y mordiendo un pedazo de pan vacío tres veces al día, por caridad de pocos amigos; además, memorizando sus poemas por temor a escribirlos a causa de los constantes allanamientos fue lo mejor que pudo suceder a este gran poeta y su mujer en ese período.

El delito de que fue acusado: haber escrito un poema contra Stalin, que nunca se publicó.